Moción contra emigrantes cubanos: el sofá por la ventana

Balsa vacía que llegó a las costas de Florida / Foto: Referencia
Balsa vacía que llegó a las costas de Florida / Foto: Referencia

Por esas cosas de la política, la moción se llama “Ley de Oportunidades de Empleo para los Inmigrantes Cubanos”, pero poco tiene que ver directamente con el empleo, y en cuanto a oportunidades, más bien se propone restringirlas. Es el proyecto de ley expuesto por el representante republicano Carlos Curbelo ante el Congreso de EEUU, con el fin de eliminar el acceso automático de los inmigrantes cubanos a ciertos programas de ayuda federales.

El proyecto vuelve a ser noticia y objeto de controversias en Miami, justo en estos días, cuando se ha conocido que cuenta ya con 125 patrocinadores en la Cámara de Representantes y con el apoyo de todos los representantes cubanoamericanos, además de la simpatía de presidentes de importantes comisiones dentro de la Cámara. Incluso, el propio Curbelo está afirmando ante la prensa que no tiene dudas de que será aprobado por una mayoría bipartidista.

Aunque es bien conocido, no sobra recordar que el objetivo de esta moción es que nuestros paisanos que emigran a Estados Unidos amparados por la Ley de Ajuste Cubano, dejen de recibir bonos para alimentos, cobertura temporal del Medicaid, acceso al programa de reasentamiento y a la Seguridad Social, a no ser que estén en condiciones de demostrar que son perseguidos políticos. Y en tales casos, se propone restringir sus visitas a Cuba, salvo en ocasiones de emergencia.

Los argumentos de Curbelo —y de los simpatizantes miamenses de su propuesta, que no son pocos— también se conocen, por lo mucho y lo eficazmente que se han propagado. En esencia, es la respuesta a esos cubanos —tampoco son pocos— que luego de recibir en Miami las ayudas previstas para el exilio político, no pierden oportunidad de regresar a la Isla, bien para hacer largas estancias o para breves pero muy frecuentes visitas de fin de semana, con la retaguardia asegurada a costa de los contribuyentes estadounidenses.

En fin, algo anda mal sin duda a la hora de aplicar la Ley de Ajuste Cubano. Pero como quiera que la ley en sí misma es justa y ejemplarmente solidaria y civilizada, tal vez no sea preciso que la violenten para evitar que una parte de sus beneficiarios (solo una parte, pues no son todos) hagan uso y abuso de ella sin merecerla. Más práctico y aún mucho más fácil sería reclamar que sea mejor aplicada.

Politiquerías y planes eleccionarios a un lado, da la impresión de que Carlos Curbelo y sus adeptos están lanzando por la ventana el clásico sofá del cornudo.

Pero este es un asunto que igualmente se ha discutido con amplitud, y además con la pasión que caracteriza nuestras discusiones. Así es que no debe quedar nada nuevo en el tintero. Si acaso faltaría por extender alguna leve reflexión que no está relacionada necesariamente con la propuesta de Curbelo, sino con algo más profundo y complejo, que tiene que ver con el conocimiento de la realidad cubana y con las dramáticas circunstancias que han marcado su destino.

Tal y como en su momento fue incomprendido lo que hoy llamamos nuestro exilio histórico, en estos días, por encima de la superficie, y aun guardando las distancias, también sufren de incomprensión los nuevos emigrantes.  Convergen dos extremos al respecto. Y por lo visto, los dos están pasando por alto lo esencial del fenómeno, o sea que estos nuevos emigrantes son un producto neto del fidelismo, así que debido a sus múltiples exigüidades —de la conciencia, de la civilidad, del cerebro y del espíritu—, padecen políticofobia aguda.

No quieren saber de otra cosa que no sea la solución o el remedio de sus más elementales necesidades materiales. La vida, llamémosle así, no les ha dado la oportunidad de pensar en nada más, o de pensar sin más. Sufren abulia congénita porque así los engendró el sistema, así los quiso para su provecho, sin prever siquiera que algún día el Frankestein pudiera pararse y andar con sus piernas.

Hay excepciones, y no son pocas, pero en términos generales, sobre todo a los más jóvenes, la política les resulta una carga opresiva, extenuante e inútil. Como nunca recibieron formación de ciudadanos comunes, sino de esclavos, no conciben perder el tiempo en asuntos de interés público. No piensan (en materia ideológica ni en casi ninguna otra materia) porque les enseñaron desde niños que resulta más cómodo atenerse a lo que otros piensen por ellos. Así de simple.

Son víctimas de un implacable proceso de robotización que les hizo inocentes al vaciarlos por dentro, lo cual explica (aunque no necesariamente justifique) esa especie de estulticia crónica y generalizada que exhiben hoy, no como un vicio sin remedio, según afirman sus detractores, sino como resultado de la incapacidad para discurrir al margen del programa, desde su inocencia de androides.

Creo que es erróneo pensar que esta pobre gente no ha padecido tantos dolores y frustraciones como los miembros del exilio histórico. En todo caso, sus frustraciones y dolores son otros, pero tienen el mismo origen, y no les acarrearon menores pérdidas. Hasta es posible que abunden los ejemplos en que las hayan sufrido con mayor rigor. De hecho, sufrieron siempre, y muchos sufren todavía, lo que un gran poeta calificó como el peor de los pecados humanos: no ser feliz. A ellos no se les permitió, ni por una sola vez, conocer la felicidad.

Entonces, no es que esté mal ponerle los puntos sobre las íes cuando ingresan a un país libre y generoso como EEUU. Pero tal vez no sea justo perder de vista quiénes son y de dónde vienen. Ese es un lujo que nos podemos gastar como ciudadanos de uno de los países más democráticos del planeta.

Por: José Hugo Fernández/ Publicado originalmente en Diario de Cuba 

Leave a Reply

Discover more from Últimas noticias de Cuba y de los Cubanos por el Mundo

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading

Share to...