30 años del crimen castrista: EE.UU. exige justicia por el derribo de avionetas de Hermanos al Rescate

El Departamento de Estado de Estados Unidos renovó su demanda de justicia por el derribo de dos avionetas civiles desarmadas pertenecientes a la organización humanitaria Hermanos al Rescate, un acto perpetrado por la dictadura castrista el 24 de febrero de 1996.

Este crimen, que cobró la vida de cuatro pilotos inocentes, sigue siendo una herida abierta en el exilio cubano, recordando la brutalidad inherente al régimen comunista que ha oprimido a la isla durante décadas.

El mensaje oficial, emitido hoy en conmemoración de los 30 años exactos del incidente, expone una vez más las falacias de La Habana, que ha intentado justificar este asesinato como una “defensa legítima”, ignorando su naturaleza terrorista y violatoria del derecho internacional.

El pronunciamiento de Estados Unidos fue a través de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado.

“Hace treinta años, el régimen cubano ilegítimo derribó deliberadamente las aeronaves desarmadas de Hermanos al Rescate. El asesinato de estos cuatro pilotos humanitarios – Mario de la Peña, Carlos Costa, Pablo Morales y Armando Alejandro Jr.— nunca será olvidado. Continuamos presionando por justicia por este acto bárbaro de terror”, precisó el post que subraya el compromiso inquebrantable de EE.UU. con las víctimas y sus familias.

Es importante recordar que, Hermanos al Rescate, fundada en 1991 por exiliados cubanos en Miami, era una organización no gubernamental dedicada exclusivamente a misiones humanitarias en el Estrecho de Florida. Su objetivo principal consistía en localizar y rescatar a balseros cubanos que huían del horror económico y represivo impuesto por la dictadura de Fidel Castro.

Los pilotos derribados –Mario de la Peña, Carlos Costa, Pablo Morales y Armando Alejandro Jr.– realizaban una operación de rutina cuando aviones de combate MiG-29 y MiG-23 de la Fuerza Aérea cubana, bajo órdenes directas del régimen, los atacaron en aguas internacionales, violando protocolos aéreos y derechos humanos básicos. Este acto no fue un “accidente” ni una “respuesta defensiva”, como ha mentido repetidamente el castrismo; fue un asesinato premeditado para intimidar al exilio y disuadir futuras misiones de rescate, revelando la paranoia y la crueldad de un régimen que prioriza su supervivencia sobre la vida humana.

Treinta años después, la dictadura castrista, ahora encabezada por Miguel Díaz-Canel –un títere de la familia Castro–, continúa negando responsabilidad y manipulando la narrativa a través de su maquinaria propagandística. Mientras tanto, el exilio cubano en Miami y otras comunidades en el mundo mantiene viva la memoria de las víctimas, organizando vigilias y campañas que exponen las falacias del régimen.

El pronunciamiento de EE.UU. no solo honra a los caídos, sino que sirve como recordatorio de que la justicia internacional debe prevalecer sobre la impunidad comunista.

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Redacción Cubanos por el Mundo

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