Una carta firmada el 2 de abril de 2026 por más de 50 legisladores demócratas del Congreso de los Estados Unidos —encabezada por el representante Gregory Meeks y el senador Tim Kaine, y respaldada por figuras como Bernie Sanders, Elizabeth Warren y Joaquín Castro— le exige al presidente Trump que revierta su política hacia Cuba. Argumentan que las sanciones están causando una crisis humanitaria. Leemos la carta con atención. Y antes de responder, formulamos una sola pregunta: ¿Dónde estaban ustedes cuando Cuba los necesitaba de verdad?
La carta en contexto: qué piden los legisladores
- Firmantes principales: Gregory Meeks, Tim Kaine, Bernie Sanders, Elizabeth Warren, Joaquín Castro, Ed Markey, Jim McGovern
- Demanda central: Revertir el bloqueo petrolero impuesto por la Orden Ejecutiva 14380 (29 de enero de 2026)
- Argumento: Las sanciones “restringen el acceso a energía y atención médica” y son “contrarias a los valores estadounidenses”
- Lo que omiten: No mencionan presos políticos, elecciones libres ni responsabilidad del régimen castrista
- Dato clave: Ningún legislador cubano-americano firmó la carta
Lo que dicen los legisladores que defienden al régimen castrista, y lo que callan
Nos hablan de apagones. De hospitales sin combustible. De niños, ancianos y enfermos crónicos sin atención. Todo eso es cierto, y duele profundamente. Pero lo que no dicen —lo que omiten con una precisión quirúrgica que solo puede ser deliberada— es que esos apagones, esa escasez, ese colapso, llevan décadas gestándose bajo el mismo régimen que ellos se niegan a nombrar como responsable.
La red eléctrica nacional de Cuba colapsó por completo en marzo de 2026, dejando a casi 10 millones de personas sin electricidad. Pero esto no empezó con Trump ni con la Orden Ejecutiva 14380. Desde finales de 2024, la isla ha sufrido al menos seis colapsos totales o parciales del sistema eléctrico. En 2025, los apagones duraban hasta 12 horas en La Habana y hasta 20 horas en el resto de la isla. Las importaciones de petróleo cayeron un 35% en los primeros diez meses de 2025 —mucho antes de cualquier nueva sanción— y el PIB se contrajo un 4% en ese mismo período, según reconoció el propio Díaz-Canel.
“El régimen castrista no es una consecuencia de las sanciones. Las sanciones son una consecuencia del régimen.”
La Ley Helms-Burton de 1996 —firmada por el demócrata Bill Clinton, no por un republicano— codificó en ley federal que el levantamiento del embargo está condicionado a “reformas democráticas verificables e irreversibles” en Cuba. Esto no es una preferencia política: es la ley vigente de los Estados Unidos. Si estos 50 legisladores quieren cambiar las sanciones, que empiecen por exigirle al régimen lo que la ley exige: elecciones libres, libertad de prensa y liberación de presos políticos.
Cuba en cifras: la crisis que el régimen CREÓ
- 10 millones de personas afectadas por el colapso total de la red eléctrica (marzo 2026)
- 6+ colapsos del sistema eléctrico nacional desde finales de 2024
- -4% del PIB en los primeros 9 meses de 2025 (dato oficial del gobierno cubano)
- -35% de importaciones petroleras en 2025 vs. 2024
- -73% de importaciones de petróleo mexicano en 2025
- -90% de importaciones de combustible en febrero de 2026
- ~$13 USD/mes: salario estatal promedio al tipo de cambio informal
- 3,000+ pesos cubanos: precio de un cartón de 30 huevos (febrero 2026)
- +1 millón de cubanos abandonaron la isla entre 2021 y 2025 (~10% de la población)
El silencio cómplice sobre los presos políticos
Ninguno de los firmantes de esta carta —ni Gregory Meeks, ni Tim Kaine, ni Bernie Sanders, ni Elizabeth Warren, ni Joaquín Castro— ha levantado la voz con la misma urgencia por los cientos de presos políticos que hoy se pudren en cárceles cubanas. Según la organización Prisoners Defenders, Cuba mantiene 1,211 presos políticos. La plataforma Justicia 11J documenta al menos 760 personas encarceladas por motivos políticos.
Ninguno ha exigido la liberación de los jóvenes encarcelados por el simple acto de salir a la calle a protestar pacíficamente el 11 de julio de 2021, cuando cientos de miles de cubanos gritaron “¡Libertad!” en las mayores manifestaciones en décadas. Algunos de esos jóvenes recibieron condenas de hasta 22 años de prisión. Si bien al menos 21 fueron liberados recientemente en marzo de 2026, cientos siguen tras las rejas.
“Luis Manuel Otero Alcántara, cofundador del Movimiento San Isidro, permanece encarcelado desde el 11 de julio de 2021. En marzo de 2026, agentes de la Seguridad del Estado le profirieron amenazas de muerte explícitas.”
Ninguno de estos legisladores ha denunciado públicamente que en Cuba se puede terminar en prisión, en el destierro o en una fosa, por publicar en redes sociales la realidad de lo que se vive. Periodistas de medios como 14ymedio, Diario de Cuba y CubaNet tienen prohibido salir de la isla. Sus portales están bloqueados por el gobierno dentro de Cuba. Ninguno ha cuestionado que Cuba lleva más de seis décadas siendo gobernada por un partido único, sin una sola elección libre, limpia y transparente. Ninguno. Ni una vez. Ni una sola línea.
Y ahora resulta que les preocupa el sufrimiento del pueblo cubano.
La liberación de los 2,010 presos: teatro humanitario
Justo ayer, 2 de abril de 2026, el “gobierno “cubano anunció la liberación de 2,010 presos como “gesto humanitario” por Semana Santa. Pero el propio régimen aclaró que no liberaría a los condenados por “delitos contra la autoridad” —la categoría bajo la cual encarcela a disidentes, manifestantes y periodistas independientes. No proporcionó desglose alguno sobre cuántos presos políticos, si alguno, fueron incluidos en esa cifra.
Mientras el régimen escenificaba este gesto ante cámaras internacionales, Luis Manuel Otero Alcántara, Daniel Alfaro Frías y Jorge Ayala —presos políticos documentados— enfrentaban amenazas de muerte dentro de prisión por parte de agentes del Departamento 21 de la Seguridad del Estado. Eso es lo que la carta de los legisladores demócratas no menciona. Eso es lo que “preocuparse por Cuba” realmente debería significar.
La pregunta que lo revela todo: ¿Por qué ningún cubano-americano firmó?
Hay una pregunta que no podemos dejar de hacernos, y que revela quizás mejor que cualquier argumento la verdadera naturaleza de este documento: ¿Por qué no hay ni un solo político cubano-americano entre los firmantes de esta carta?
Miami tiene representantes cubanos en el Congreso. Florida tiene legisladores que conocen de primera mano la causa cubana. Y ninguno firmó. María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez —los tres representantes cubano-americanos por Florida— no solo se negaron a firmar, sino que activamente están exigiendo lo contrario: mayor cumplimiento de las sanciones, revocación de licencias que benefician al régimen y rendición de cuentas.
Lo que dicen los legisladores cubano-americanos
María Elvira Salazar: Exigió al Departamento de Estado y al Tesoro investigar a empresas del sur de Florida que intentan evadir las sanciones a Cuba. Denunció la exportación de autos deportivos y yates recreativos bajo licencias “humanitarias”.
Carlos Giménez: “Cuba se acerca a su momento del Muro de Berlín. Estados Unidos debe terminar la tarea.” Pidió cerrar cada fuente de ingreso que el régimen usa para reprimir.
Mario Díaz-Balart: “Las dictaduras antiamericanas de Cuba, Venezuela y Nicaragua no sobrevivirán otro mandato de liderazgo decisivo bajo Trump.”
Marco Rubio (Secretario de Estado): Citó la Ley Helms-Burton: “El levantamiento de las sanciones solo se materializará cuando ocurra un cambio de régimen.” Anunció sanciones contra Díaz-Canel, el ministro de Defensa y el ministro del Interior.
Porque los que han crecido con el testimonio de sus familias, los que conocen desde adentro lo que significa vivir bajo una dictadura de partido único, los que han escuchado a los presos políticos, a los balseros, a los desterrados, saben perfectamente que esta carta no defiende al pueblo cubano. Defiende al régimen que lo oprime.
La diáspora: un millón de voces que no callarán
Entre 2021 y 2025, más de un millón de cubanos abandonaron la isla —aproximadamente el 10% de la población total del país. Ese éxodo no lo provocaron las sanciones. Lo provocó un régimen que lleva más de 67 años ofreciendo solo represión, miseria y silencio.
Desde la diáspora, los cubanos están usando cada herramienta a su alcance para mantener viva la esperanza. En redes sociales, videos creados con inteligencia artificial que imaginan un Malecón libre y moderno se han vuelto virales, ambientados con “Nuestro Día (Ya Viene Llegando)”, himno no oficial del exilio. Activistas empapelan el propio Malecón con consignas de libertad. La pregunta “Si Cuba fuera libre, ¿volverías a empezar de cero?” genera millones de interacciones y debates desgarradores entre quienes añoran su patria y quienes ya reconstruyeron su vida lejos de ella.
No vamos a permitir que hablen en nuestro nombre quienes nunca han hablado por nosotros cuando más lo necesitábamos. El pueblo cubano no tiene voz dentro de Cuba —porque ejercerla puede costar la libertad, el exilio o la vida— pero desde la diáspora seguiremos siendo ese grito que el régimen quiere silenciar. Los cubanos no pedimos que nadie nos salve con diplomacia cómplice ni con cartas que ignoran al único responsable de nuestra tragedia.
66 años: la historia que esta carta borra
Para quienes necesiten un recordatorio de lo que estos legisladores deciden ignorar: el embargo a Cuba comenzó en 1960 bajo Eisenhower, fue formalizado por Kennedy en 1962 y ha atravesado trece presidencias. No surgió de la nada. Surgió porque el régimen de Fidel Castro nacionalizó propiedades estadounidenses sin compensación, alineó a Cuba con la Unión Soviética, instaló misiles nucleares apuntando a ciudades americanas, y construyó un aparato de represión que ha sobrevivido a la Guerra Fría, a la caída del Muro de Berlín y a la muerte de su propio fundador.
En 2014, Obama tendió la mano al régimen. Levantó restricciones de viaje, permitió remesas familiares, retiró a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo. ¿El resultado? El régimen no liberó a un solo preso de conciencia a cambio. No convocó a una sola elección libre. No abrió un solo medio de comunicación independiente. Usó el oxígeno económico para fortalecer su aparato de control.
Y cuando el pueblo cubano finalmente se atrevió a gritar “¡Libertad!” el 11 de julio de 2021, la respuesta del régimen fue la misma de siempre: golpizas, juicios sumarios, condenas desproporcionadas y desapariciones forzadas.
El problema tiene nombre, apellido y dirección
Cuando estos legisladores visitan Cuba, solo escuchan el discurso del régimen. No visitan a los opositores. No preguntan al cubano de a pie, al que no tiene carnet del Partido, al que tiene hambre de verdad y no de pantalla. Regresan a Washington con fotos, con declaraciones de apertura, con llamados al diálogo, y con los oídos tapados ante el grito de los que no tienen permiso para gritar.
Eso no es defender al pueblo cubano. Eso es hacerle el juego a sus verdugos.
Que Naciones Unidas advierta de un posible “colapso humanitario” en Cuba es grave. Pero el colapso no empezó en enero de 2026 con una orden ejecutiva. Empezó en enero de 1959 con una revolución que prometió libertad y entregó cadenas.
El problema de Cuba tiene nombre, apellido y dirección: se llama régimen castrista, tiene 66 años en el poder, y opera desde La Habana. Mientras eso no cambie, ninguna carta, ninguna sanción y ninguna diplomacia resolverá el sufrimiento del pueblo cubano. Y mientras tanto, desde cada rincón del mundo donde hay un cubano libre, seguiremos siendo la voz de los que dentro de Cuba no pueden hablar.
El problema de Cuba tiene nombre, apellido y dirección: se llama régimen castrista, tiene 66 años en el poder, y opera desde La Habana. Mientras eso no cambie, ninguna carta, ninguna sanción y ninguna diplomacia resolverá el sufrimiento del pueblo cubano. Y mientras tanto, desde cada rincón del mundo donde hay un cubano libre, seguiremos siendo la voz de los que dentro de Cuba no pueden hablar.