En enero de 2026, la plataforma de periodistas de izquierda Belly of the Beast anunció que abriría por primera vez las puertas de sus reportajes a los turistas. La propuesta, gestionada por la agencia estadounidense Colibrí Travel & Tours, ofrece un paquete de ocho días en La Habana del 25 de abril al 2 de mayo de 2026 en el que los viajeros convivirán con periodistas y cineastas que han denunciado los efectos del embargo estadounidense sobre la vida de los cubanos. La campaña publicitaria, difundida en redes sociales y encabezada por la reportera cubana Liz Oliva Fernández, promete a los participantes “sumergirse en las historias que han visto” y “conocer una Cuba que los medios de EE. UU. no muestran”. Todo por un “módico precio” que ronda los 2 395 dólares
La experiencia incluye alojamiento en casas particulares, visitas a granjas, clínicas y proyectos comunitarios, encuentros con protagonistas de los documentales de Belly of the Beast y sesiones de preguntas y respuestas con el equipo de periodistas. Colibrí ofrece visados, transporte interno y un itinerario que, según el sitio oficial, cumple con la categoría Educational Travel que exige la legislación estadounidense para viajar a la isla. El precio del viaje —casi 2 mil 400 dólares— incluye un hospedaje en habitación doble, sin incluir vuelos ni algunas comidas. Vaya, ¡tremenda ganga! ¡Un nocaut con la izquierda!
Periodismo progre izquierdista desde La Habana
Belly of the Beast nació en 2020, en plena pandemia, como un proyecto de periodistas cubanos y estadounidenses que buscaban escapar del “periodismo paracaidista” y del monopolio informativo del régimen cubano.
La organización afirma que su objetivo es llenar el vacío en la cobertura de Cuba investigando la influencia de la política de Washington en la isla y contando historias de gente común que rara vez aparecen en los medios. En su declaración de principios, la plataforma reconoce que sus fundadores tienen valores progresistas y que su primer deber es “estar del lado de quienes luchan contra el racismo, la supremacía blanca y otras formas de opresión”. También subrayan que no representan a ningún gobierno ni corporación y que dependen de donaciones individuales administradas por el Center for Independent Documentary. Pero…
La narrativa de sus videos —centrada en los efectos del “bloqueo”, los logros del sistema sanitario cubano y la corrupción de los políticos estadounidenses— se ha convertido en más de lo mismo. Otro Granma o Cubadebate, con un nivel de facturación digital más elegante que ha atraído la atención de medios progre izquierdistas.
Una entrevista en Latino Rebels describía a Belly of the Beast como un proyecto innovador que pretende “llenar el vacío dejado por la cobertura de Cuba” y humanizar a los cubanos. Sin embargo, han terminado siendo una plataforma de “propaganda estatal” y eso se nota a la legua.
Muestra de ello reciente la tenemos en la publicación promocional del viaje, en la que varios usuarios de Facebook acusan a la organización de ocultar las carencias de la isla y de hacer el juego a la dictadura. No existen pruebas documentadas de vínculos financieros con el Estado cubano, pero la propia organización admite que su trabajo no es neutral y que se alinea con causas anticapitalistas y antiimperialistas, lo que alimenta las sospechas.
La agencia que organiza el viaje
Al frente de la logística está Colibrí Travel & Tours, una empresa con sede en Cambridge (Massachusetts) fundada en 2009, especializada en viajes educativos y asequibles para adultos y estudiantes, aunque esos $2 mil 400 dólares por una semana está —dicho en buen cubano— apretador y pico.
La compañía se define como una “empresa social” que destina parte de sus beneficios a proyectos comunitarios y ambientales, y que promueve prácticas de viaje responsable como el uso de botellas reutilizables y el consumo en negocios locales. Entre sus iniciativas destacan la donación de bolsas de tela a comunidades rurales de Cuba, aunque no haya nada que cargar; la instalación de paneles solares en aldeas peruanas y la entrega de material deportivo y educativo en Zambia y otros países.
La empresa asegura que todos sus viajes a Cuba son legales bajo la licencia general “Support for the Cuban People” y ofrece asesoramiento sobre visados y la obligatoriedad de participar en actividades que apoyen a emprendedores y artistas locales. Actividades que… ¿a qué no adivinan quiénes las organizan?
También advierte de la necesidad de llevar efectivo porque las tarjetas de crédito estadounidenses no funcionan en la isla. La Better Business Bureau, organización que evalúa la confianza empresarial, otorga a Colibrí una calificación A+ y señala que la agencia “promueve prácticas de viaje sostenible y responsable, apoyando proyectos comunitarios”. En TripAdvisor, los viajeros elogian la profesionalidad de sus guías, la calidad de los alojamientos y la interacción directa con artistas y pequeñas empresas cubanas.
¿Militancia o turismo solidario?
Más allá de las promesas de inmersión cultural, el viaje de Belly of the Beast plantea interrogantes sobre la frontera entre el periodismo, el activismo y el negocio del turismo. La propuesta atrae a un público interesado en la política y la realidad cubana, pero su alto costo y el enfoque ideológico suscitan críticas. Algunos observadores señalan que, pese a alojarse en casas particulares y consumir en paladares, parte del dinero terminará, como siempre sucede, en manos del Estado a través de impuestos, dado que el régimen controla buena parte del sector turístico y la economía. La propia Embajada de EE. UU. recuerda que los viajes turísticos siguen prohibidos por ley y que la categoría Support for the Cuban People obliga a los visitantes a evitar transacciones con entidades controladas por los militares y a cumplir un programa de actividades a tiempo completo.
La crítica más repetida en redes sociales es que el viaje sirve más para blanquear la imagen del Estado cubano que para ayudar a sus habitantes. Un usuario ironizaba que la excursión dará “algo que hacer a los trabajadores del turismo por un dólar al día”, aludiendo a los bajos salarios de la industria. Otros lamentan que el anuncio no menciona los cortes de electricidad, la escasez y otras penurias que atraviesa el país, circunstancia que la embajada estadounidense sí destaca como motivo de alerta.

Liz Oliva Fernández, una cubana “progre rosadita” de toda la vida, responde a estas críticas defendiendo que la meta del proyecto es mostrar la realidad desde la perspectiva de los cubanos y evidenciar la responsabilidad de las sanciones en la crisis. Según ella, el viaje permite apoyar el periodismo independiente y financiar proyectos comunitarios. Para quienes comparten su visión y buscan una experiencia política y cultural, la propuesta puede resultar valiosa. Para otros, la mezcla de turismo de lujo y militancia puede parecer contradictoria o incluso oportunista. Para quienes la conocen… ya saben lo que hay detrás.
Lo cierto es que la iniciativa de Belly of the Beast y Colibrí Travel & Tours demuestra cómo el turismo en Cuba se ha vuelto un terreno de disputa ideológica.
Mientras unos ven en estas excursiones una oportunidad de solidaridad y aprendizaje crítico, otros las consideran como lo que en realidad es: un negocio que trivializa el sufrimiento de los cubanos y legitima al régimen. La elección de participar depende, en última instancia, de la afinidad política y de la disposición a aceptar que la realidad de la isla no se entiende en un solo viaje ni a través de una sola mirada.
Todo, por “apenas” $2 mil 400 dólares (7 días)
