La reconocida agencia de noticias AP se hizo eco de la miseria que atraviesan los ancianos cubanos dentro de la isla comunista, exponiendo cómo el hambre y el abandono total son la única realidad posible bajo el yugo de la tiranía castrista.
The Associated Press realizó un reportaje al respecto basado en testimonios directos recolectados en el corazón de La Habana Vieja, donde la indigencia es el “pan de cada día” ante la incapacidad de los sicarios que controlan la economía nacional para alimentar a su pueblo.
Varios jubilados dependen de la solidaridad de la iglesia del Espíritu Santo para ingerir una ración básica de comida, la cual consiste en un almuerzo sencillo entregado tres veces por semana en un comedor contiguo al templo religioso.

El hambre como herramienta de control social
La dictadura condena a los ancianos cubanos a sobrevivir con pensiones que apenas rondan los cuatro dólares mensuales en el mercado paralelo, obligándolos a realizar rezos de agradecimiento por pan viejo que el régimen les niega sistemáticamente.
Carmen Casado Álvarez, una ingeniera química de 84 años que dedicó su vida laboral a la industria ligera, ejemplifica el desprecio de los opresores hacia quienes construyeron el país con su esfuerzo honesto.
Ella carece de hijos o familiares que envíen remesas desde el extranjero, por lo cual su subsistencia diaria depende exclusivamente de la asistencia social externa y de organizaciones españolas debido a su ascendencia familiar directa.
TAMBIÉN PUEDE LEER: “El pueblo está sufriendo, los dirigentes sobran”, aseguran ancianos cubanos abandonados en la isla (+VIDEO)
“Esta es una ayuda que tenemos las personas jubiladas con pensiones pequeñas y venimos aquí porque las cosas de la bodega solas no alcanzan”, afirmó la mujer a los reporteros que documentaron su tragedia.
Desmoronamiento y abandono
La crisis migratoria impulsada por el desastre económico de los esbirros de La Habana provocó que la población de la isla caiga drásticamente, dejando a los ancianos cubanos en una soledad absoluta sin relevo generacional alguno.
Las estadísticas que manejan los propios represores admiten que más de un cuarto de la ciudadanía supera los 60 años, conformando un panorama desolador donde la juventud escapa para no morir de inanición o terminar en prisión.

El deterioro de la infraestructura habitacional se suma a la escasez extrema, observándose edificaciones antiguas con techos rotos y pisos hundidos donde los adultos mayores resisten los embates del tiempo sin ningún apoyo material real.
“Esta es la vida de nosotros, aquí hemos nacido y nos hemos criado”, comentó Casado.
La destrucción del sistema sanitario y la vejez
El sistema de salud pública, usado como propaganda por la tiranía, se encuentra hoy en ruinas, afectando principalmente a los ancianos cubanos que padecen enfermedades crónicas o cáncer sin acceso a tratamientos de quimioterapia o radioterapia.
Los sicarios del régimen priorizan la venta de servicios médicos al exterior para recaudar divisas, mientras los hospitales locales carecen de insumos básicos y medicinas elementales para atender a cinco millones de enfermos crónicos.
OTRAS NOTICIAS: Cuba, el país de los cartones vacíos: “avanza” la producción… sin huevos (+VIDEOS)
Resulta común observar a personas de la tercera edad hurgando en los basureros o haciendo filas interminables bajo el sol ardiente para conseguir una cuota mínima de alimentos que el Estado fallido entrega a medias.
“Es triste”, manifestó la entrevistada respecto a la realidad de sus compañeros generacionales, quienes deben ingeniárselas para conseguir incluso media pastilla para la presión arterial ante el desabastecimiento crítico en las farmacias controladas.

El régimen no asume su desastre
A pesar de la propaganda oficial que culpa a factores externos de su miseria, la desnutrición y la falta de medicinas son consecuencias directas de la mala gestión de los esbirros que prefieren construir hoteles de lujo.
“Aquí se está luchando lo que se puede para sacar adelante al país”, señaló Casado con una resignación que refleja el cansancio de millones de ancianos cubanos atrapados en un sistema que los utiliza y luego los desecha.
La vulnerabilidad extrema de este grupo poblacional seguirá aumentando mientras la dictadura mantenga el control férreo sobre los escasos recursos, dejando a la caridad religiosa como la última frontera contra la muerte por hambre.
“Que el señor bendiga desde arriba lo que cae a la barriga”, dijeron a coro los ancianos cubanos sentados en las largas mesas de un comedor, resumiendo en una plegaria la tragedia de una generación traicionada.