“¿Una taza de café borra Mazorra?”: José Daniel Ferrer arremete contra Daniel Llorente “el hombre de la bandera” tras su regreso a Cuba

El líder opositor cubano José Daniel Ferrer lanzó duras críticas contra Daniel Llorente y el régimen cubano tras el regreso a la Isla del activista conocido como “el hombre de la bandera”, quien se reunió con funcionarios de la Seguridad del Estado y posteriormente describió el trato recibido en términos que provocaron una fuerte controversia.

El fundador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) sostuvo que Llorente terminó convertido en un instrumento de la dictadura en una operación de influencia destinada a desacreditar al exilio y fracturar a la oposición.

La reacción de José Daniel Ferrer llegó después de que Daniel Llorente difundió varios videos desde Cuba y mostró una postura radicalmente diferente a la que mantuvo años atrás frente a la dictadura castrista. En una de las grabaciones apareció después de conversar con funcionarios de la Seguridad del Estado sobre su proyecto religioso “Jesucristo, Cuba es tu casa”.

Daniel Llorente describió de manera favorable las condiciones del encuentro con los agentes.

“No hubo falta de respeto, no hubo maltrato. Nos brindaron agua, café, nos llevaron a una oficina con aire acondicionado”, afirmó.

Para Ferrer, esas palabras resultaron especialmente graves debido al historial represivo que sufrió el propio Llorente a manos de los organismos de seguridad de la dictadura. El opositor recordó los centros donde permaneció recluido después de protagonizar una de las protestas individuales más recordadas de las últimas décadas en Cuba.

«¿Una taza de café borra Mazorra? ¿El aire acondicionado le hizo olvidar 100 y Aldabó? ¿Un trato cortés durante una conversación transforma en buenos a los esbirros de la dictadura?», cuestionó Ferrer en el post.

De símbolo de desafío a una polémica visita

La controversia alrededor de Daniel Llorente adquirió una dimensión particular por lo ocurrido el 1 de mayo de 2017. Ese día, Llorente irrumpió en el desfile oficial de la Plaza de la Revolución con una bandera de Estados Unidos y corrió frente a Raúl Castro y otros integrantes de la cúpula castrista.

Agentes del régimen lo redujeron y posteriormente permaneció recluido durante meses, incluido un largo internamiento en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, conocido popularmente como “Mazorra”.

Años después, Llorente denunció que aquel encierro respondió a una decisión de la Seguridad del Estado y no a una condición psiquiátrica. Informes internacionales también documentaron su caso y las denuncias de detenciones arbitrarias que sufrió.

En 2019 abandonó Cuba en circunstancias igualmente polémicas. Una comunicación de expertos de Naciones Unidas recogió información según la cual las autoridades cubanas lo obligaron a tomar un vuelo fuera del país y señalaron que su familia recibió amenazas relacionadas con su activismo.

Ferrer denuncia una operación de influencia

El líder de UNPACU interpretó el cambio de discurso como resultado de una estrategia de manipulación de la Policía política.

Según explicó el opositor, los agentes pudieron aprovechar frustraciones personales acumuladas por Daniel Llorente durante sus años fuera de Cuba y alimentar una narrativa de resentimiento hacia Estados Unidos, el exilio y sectores de la oposición.

Ferrer planteó que los funcionarios pudieron convencerlo de que recibió un trato injusto después de abandonar la Isla y, posteriormente, presentarse como quienes reconocían su supuesto liderazgo.

“Luego le dicen que ellos siempre supieron que él era un hombre muy valiente y talentoso y que saben que está llamado por Dios a salvar a Cuba, y que ellos le pueden ayudar”, escribió.

La disputa sobre Daniel Llorente también entró en el terreno religioso debido a la nueva misión que el activista afirmó desarrollar durante su estancia en la Isla.

Llorente aseguró que no regresó como el hombre que protagonizó la protesta de 2017, sino con un propósito cristiano. En uno de sus videos declaró: “No vine en la condición del hombre bandera, vine en la condición de Moisés”.

También explicó que llegó para llevar a los cubanos “el mensaje de salvación” de Jesucristo.

“Una cosa es anunciar a Cristo”

José Daniel Ferrer rechazó que la proclamación de un mensaje religioso pueda servir para suavizar la responsabilidad de los organismos represivos de la dictadura cubana.

“Una cosa es anunciar a Cristo y otra utilizar su nombre mientras se termina haciendo propaganda favorable al Anticristo que esclaviza al pueblo cubano”, señaló.

El dirigente opositor endureció todavía más sus cuestionamientos y estableció una comparación bíblica sobre el comportamiento reciente de Llorente.

“Llorente parece hoy mucho más cercano a la figura de Judas Iscariote que a la de un buen cristiano anunciando a Jesús”, subrayó.

La discusión sobre Daniel Llorente aumentó después de que el activista aseguró que entró a la Isla sin dificultades y presentó su regreso como una decisión personal.

“Yo vine, nadie me llamó, nadie me dijo nada. Todo mundo me decía que no me iban a dejar entrar… pues les digo que no. Salí como cualquier cubano de regreso a su país, de visita”, relató.

También apareció junto al automóvil que rentó después de su llegada y marcó distancia con el símbolo que lo convirtió años atrás en una figura reconocida de la oposición.

“Con mi carrito, con dos banderas cubanas. Nada de bandera americana, nada de provocaciones”, expresó.

Ferrer pide evaluar trayectorias, no momentos

Más allá del enfrentamiento puntual por Daniel Llorente, Ferrer utilizó el episodio para advertir sobre la manera en que la oposición evalúa a quienes protagonizan acciones individuales de alto impacto.

El dirigente señaló que un acto espectacular puede surgir de convicciones auténticas, pero sostuvo que la confiabilidad política requiere años de coherencia, sacrificios y acompañamiento a quienes padecen la represión.

“Los movimientos democráticos deben juzgar a las personas por trayectorias, no solamente por momentos espectaculares. La verdadera confiabilidad se construye durante años: soportando sacrificios, organizando, formando equipos, acompañando a otros, defendiendo presos políticos, visitando familias perseguidas, movilizando ciudadanos y manteniendo una conducta coherente cuando no existen cámaras ni aplausos”, aseguró.

La confrontación dejó así una imagen difícil de ignorar: el hombre que en 2017 desafió públicamente a Raúl Castro y terminó encerrado bajo control de la Seguridad del Estado regresó nueve años después a Cuba, conversó con funcionarios del mismo aparato represivo y destacó públicamente el trato recibido.

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