El dolor de perder a un hijo es inaguantable y lejos de mitigarse con el pasar de los años, solamente se agudiza. Así lo confiesa Pedro Junco López a propósito del segundo aniversario de la muerte de su hijo ‘Mandy’, joven músico asesinado en Camagüey, un caso que acaparó titulares internacionales, razón que provocó el intento del régimen por cerrar el caso.
“Se equivocan los que creen que golpes como este son aliviados por el tiempo; al contrario, se agudizan. Cuando observamos los hechos desde la distancia de dos años, todavía aguardamos la esperanza de despertar de una pesadilla” confiesa Junco a través de una publicación en la red social Facebook.
Ante un crimen de tal magnitud la frase “que se haga justicia” cobra poco sentido. La captura de los asesinos en nada disminuye el vacío de la ausencia de un hijo porque a final de cuentas “nunca más volverá a existir” quien ya le robaron el aliento.
En un intento por buscar respuestas que aún sigue sin comprender, Junco deja entrever la cuota de responsabilidad de quienes lejos de informar realmente lo que ocurre caminan las sendas del secretismo manteniendo a la sociedad desconectada de la realidad, eso que llama la “sociedad secretista” donde lo malo que acontece se oculta.
“Mi pregunta sigue siendo: ¿por qué? Y me acribillan una multitud de respuestas. ¿El destino? No creo en el destino. ¿La casualidad? Quizás haya sido la casualidad. ¿El mal manejo de la sociedad secretista en que vivimos, que oculta las cosas malas que suceden y cuyas consecuencias traen resultados como este? Sí. Esa es una de las grandes razones. Si el caminante va ciego hacia el abismo se multiplican las posibilidades de caer al precipicio. Mucho le advertí a mi hijo el peligro de la calle en las altas horas de la noche y nunca me creyó, porque estaba totalmente desinformado”.
Desde una mirada crítica expone el escritor y colaborador de Cubanos por el Mundo, que son precisamente las leyes que deberían poner orden, las que terminan estimulando la fechoría. “Esas leyes dulces para los criminales, que hasta los incitan a la fechoría; la cantidad de prebendas que se ofrecen en las prisiones y las prerrogativas de disminuciones carcelarias. Los presos comunes tienen garantizada la alimentación, la atención médica y hasta lo recreativo del deporte y los deleites culturales. Incluso, algunos alcanzan carreras universitarias” añade.
No en vano todo en la vida termina devolviéndose como un búmeran terminando pasando factura de lo que en vida se hizo, en vida se pagará.
“Hoy he pensado que el derecho a vivir implica una lucha tenaz con los fenómenos menos esperados y los obstáculos más crueles que acechan, imprevisibles, en el corredor de la existencia”.
Pedro Armando Junco Torres conocido como “Mandy” era un joven músico que fue asesinado a sus 28 años de edad el 16 de mayo de 2015. Su crimen causó gran impacto dentro y fuera de la comunidad cubana y desde entonces se ha convertido en la principal motivación de su padre quien alza su voz con el propósito de que se endurezcan los castigos en caso de homicidio.
Redacción Cubanos por el Mundo