La activista cubana Yamilka Lafita, conocida popularmente en redes sociales como Lara Crofs, denunció el intento de fabricación de un expediente penal falso con el cual la tiranía pretende encarcelarla, mientras los sicarios de la Seguridad del Estado distribuyen entre sus propios vecinos un pedazo de papel mal hecho.
La información fue difundida por la propia víctima a través de su perfil en la red social Facebook, donde detalló las maniobras rastreras que ejecutan los órganos represivos para silenciar su labor dentro de la isla.

Hostigamiento en La Habana
Este nuevo episodio de acoso ocurre tras su reciente arresto arbitrario el pasado 18 de abril, momento en que los esbirros castristas intensificaron la vigilancia perimetral sobre su domicilio personal para impedir cualquier movimiento de la mujer.
Los agentes del régimen utilizan un documento que contiene datos biográficos manipulados, donde además de escribir incorrectamente su identidad, la marcan oficialmente con las siglas correspondientes a un perfil “contrarrevolucionario”.

Métodos de vigilancia y coacción vecinal
Un represor identificado bajo el alias de “Luisito” lidera estas acciones de inteligencia barrial, intentando reclutar a residentes de la zona para que actúen como informantes y fotógrafos furtivos contra la vida privada de la activista cubana.
La dictadura ordena a los vecinos investigar detalles íntimos sobre su salud y prohibir estrictamente la aceptación de cualquier tipo de ayuda humanitaria que ella intente gestionar para la comunidad, demostrando el miedo que tienen a la solidaridad ciudadana.

Fabricación de delitos comunes
“Buscan hurgar en mi vida hasta quince años atrás para fabricarme un ‘delito común’ que justifique su acoso”, escribió la activista cubana para alertar sobre la estrategia de la tiranía de disfrazar la persecución política como criminalidad ordinaria.
Esta técnica de manipulación jurídica es una práctica habitual de la policía política, la cual busca desacreditar la imagen pública de quienes enfrentan al sistema antes de proceder con condenas injustas y juicios amañados sin garantías legales.
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Respuesta frontal a la tiranía
“Eso no es inteligencia, es el patético estertor de un sistema que sabe que ya no convence a nadie”, afirmó tajantemente la activista cubana al analizar la desesperación de los sicarios por encontrar alguna mancha en su pasado para procesarla penalmente.
Lejos de amedrentarse ante la presión de la Seguridad del Estado, la valiente mujer ratificó su posición frente al desastre social que atraviesa el país, asumiendo con orgullo el calificativo que los represores usan para estigmatizarla.
“Sí, soy contrarrevolucionaria”, sentenció la activista cubana al explicar que su postura nace del cansancio acumulado tras décadas de hambre y ausencia total de derechos fundamentales para el pueblo, responsabilizando directamente a los esbirros por su integridad.

La tiranía demuestra su debilidad al ensañarse contra una voz femenina que simplemente refleja la miseria impuesta por el castrismo, el cual prefiere invertir recursos hasta en espionaje vecinal antes que en comida para los ciudadanos.
El régimen y su mismo “argumento” de siempre
El asedio constante sobre la activista cubana evidencia la falta de argumentos de un poder que solo sabe responder con el código penal – manejado a su antojo – ante las críticas ciudadanas, dejando claro que cualquier agresión física contra ella será culpa de los mandos represivos.
Esta situación mantiene en alerta a las organizaciones de derechos humanos, pues el patrón de hostigamiento previo suele preceder a condenas prolongadas que buscan decapitar cualquier intento de organización civil dentro de la asfixiante realidad de la isla.
Mientras todo esto ocurre, los verdaderos criminales continúan en las calles de Cuba cometiendo cualquier atrocidad que se les ocurra, y lo peor del caso, sin ser perseguido por la mal llamada “policía” al servicio de la dictadura.