
Se conoce como violencia, aquellos comportamientos deliberados orientados a conseguir un fin utilizando la presión, la fuerza física, el maltrato psicológico y (o) emocional e incluso la agresión sexual.
En oportunidades les restamos importancia a ciertos comportamientos que nos hieren, nos molestan o nos afectan; en sí, es porque traen consigo una carga de violencia y a veces no la sabemos o no la queremos detectar. Puede suceder que no estemos plenamente consciente que vivimos un clima de violencia en nuestras interacciones personales.
Generalmente cuando las personas se encuentran viviendo situaciones adversas que influyen y disminuyen su estabilidad emocional, piensan que son las únicas que las viven, pero esto no es verdad, muchos hombres y mujeres en el mundo que experimentaron situaciones de violencia no lograban detectar cuáles comportamientos le afectaban, sin embargo, lo que si era cierto ¡es que se sentían mal! ¡algo no marchaba bien!

Muchos expertos comenzaron a estudiar la situación e idearon una herramienta de ayuda para identificar algunas practicas que afectaban e incidían negativamente nuestra estabilidad psicológica y emocional, esta herramienta se denomina Violentómetro.
El Violentómetro es un material gráfico y didáctico en forma de regla que consiste en visualizar las diferentes manifestaciones de la violencia que se encuentran ocultas en la vida cotidiana y que muchas veces se confunden o desconocen

¿La violencia puede comenzar en el noviazgo?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 3 de cada 10 adolescentes denuncian que sufren violencia en el noviazgo. Por otro lado muchas de las mujeres que son maltratadas durante el matrimonio vivieron violencia en el noviazgo.
Generalmente la violencia hacia la pareja comienza a manifestarse de manera sutil, en esta fase se pueden observar comportamientos como los siguientes:
- Son evidentes algunas practicas que ridiculizan a la pareja
- Ignora su presencia
- No presta atención a lo que ella o él dice
- Se ríe de sus opciones o sus iniciativas
- Existencia de comparaciones con otras personas en forma peyorativa o degradante

Inicialmente estos comportamientos no parecen violentos, pero ejercen un efecto igualmente devastador sobre la persona, provocando un debilitamiento progresivo de su autoestima: la victima comienza a tener miedo de expresarse o hacer algo por temor; causando depresión y debilidad emocional.
Si la situación avanza, aparece la violencia verbal que refuerza la agresión psicológica. Comienzan los insultos, las ofensas, las amenazas y se crea un clima que se asume como “normal” en la relación de pareja.

En definitiva, no es más que una situación incómoda que afecta el equilibrio emocional y genera tal presión, que incluso se requiere de atención psiquiátrica.
Luego aparece la violencia física. El agresor toma a sus pareja del brazo y se lo estruja; a veces finge estar “jugando” para pellizcarla, producirle moretones, jalarle el cabello, empujarla, golpearla, etc. Es una situación que se reproduce y acentúa en el tiempo, llegando incluso a causar la muerte.
Lo ideal es detener a tiempo la situación, saber distinguir entre el verdadero juego y los comportamientos que causan daño a la salud integral de la persona.

¿Qué hacer?
Si estás ante un caso de violencia en tu relación de pareja, debes concienciar que el problema es estrictamente de la persona violenta, no tiene vinculación con lo que hagas o dejes de hacer.
No olvides que los comportamientos violentos no enriquecen ni estimulan tu relación, al contrario la enferman. No es válido pensar “sólo estamos jugando”, “me cela porque me quiere”, “me dice cómo vestirme porque se preocupa por mí”, “Me vigila todo el tiempo, porque no quiere que me pase nada” o “Me golpeó porque yo lo provoqué”.
Siempre estás a tiempo, haz un alto y busca entender lo que está pasando, toma las decisiones necesarias como alejarte, pedir la asistencia de un especialista y denunciar, cuando sea el caso.