Lo confieso: no escucho a “Buena Fe“, y no lo hago porque me sume a quienes los consideren una “Mala Fe”, sino porque cuando me fui de Cuba, ellos no existían, por lo menos como agrupación, y así con el tiempo, me fui quedando con los míos de siempre, esos de la Cuba antes de marcharme. Es cierto que la visito cada año y en cada visita mis amigos me presentan la música de Buena Fe, sus textos, sus mensajes, pero no acabo de tomarlos como míos, es un asunto personal.
Lo que me llama poderosamente la atención es todo lo relacionado con esta presentación suya en Miami. Me llama poderosamente la atención la revolución mediática montada al respecto, una revolución que beneficia más a Buena Fe de lo que pueda perjudicarlos, y esto no es que me lo invente yo, es la realidad. Tómense unos minutos y visiten diferentes medios de prensa cubanos, de dentro y de fuera, y verán lo que ya han escrito antes de terminar el concierto.
En cuanto a reacciones, es normal lo que ha ocurrido: los patrocinadores del evento salvaguardaron hasta el final el derecho a su realización avalados en las leyes del país en cuestión, las autoridades respetaron las leyes establecidas, aquellos ciudadanos que apelando a su conciencia y a sus vivencias decidieron protestar, pudieron hacerlo, y los otros, despegados del exilio histórico y amantes de la música de la agrupación disfrutaron del concierto, donde hubo hasta un pedido formal de matrimonio.
Sin embargo, lo que debo reconocer y me llama poderosamente la atención, es la prensa. Y cuando digo la prensa me refiero a la de ambas orillas. Tal vez por razones del tiempo transcurrido en este enfrentamiento entre los fidelistas y los anti-castristas o porque los medios de Miami tienen emplantillados a medio ICRT, han terminado por transformase en una extensión o un complemento de los medios oficialistas cubanos, convirtiéndose Cuba en el primer país del mundo en contar con medios de difusión en orillas distintas siendo el uno enemigo entre comillas del otro, así sea.
Lo que antes nos parecía un imposible hoy es una realidad tan normal, que ni siquiera aquellos enemigos acérrimos se percatan del asunto. Los medios de información se han fundido en uno solo, se completan como dos medias naranjas y los artistas y quien quiera, libres de presiones, saltan de un lado para otro y hacen declaraciones, algunos usan el doble discurso otros no, otros sencillamente dicen lo que piensan, actúan, reciben la publicidad, que positiva o negativa, como publicidad cumple su papel y siempre es buena, porque es mejor que de uno se hable antes que ser ignorado, eso duele más.
En fin, Buena Fe pudiera ser o no el asunto en cuestión, de todos modos, vale señalar que indiscutiblemente: Ayer no es hoy y el que hoy quiera ser escuchado o leído con seriedad o se proponga la difícil tarea de sumar cubanos para cualquier causa extraviada o no, tendrá que tener bien en cuenta que los tiempos ya no son los mismos, ni los discursos tampoco.
