Más atletas cubanos deciden dejar atrás la miseria castrista y se fugan durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe

La huida masiva de atletas cubanos durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Santo Domingo vuelve a poner en evidencia el colapso absoluto del sistema deportivo de la isla.

Mientras la tiranía castrista guarda un hermético silencio sobre la fuga de los esgrimistas Adam Núñez y Hershey Daniela de la Cruz, así como del jardinero del equipo de softbol Yasmani Álvarez, la propaganda estatal intenta maquillar la debacle.

De hecho, el medio oficialista Jit celebró con cinismo el regreso de la delegación, citando a Rolando Yero, vocero del Partido Comunista, quien se atrevió a declarar que “el deporte sigue siendo un baluarte de la Revolución Cubana”.

Fuga en la esgrima y desarticulación del softbol

Las maniobras de escape de estos atletas cubanos ocurrieron de forma estratégica en el tramo final del certamen caribeño. Según reportó el espacio Dporto Sports News, el sablista suplente Adam Núñez abandonó la villa antes de la competencia final. Por su parte, Hershey Daniela de la Cruz decidió no regresar a la isla tras quedar en octavo lugar por equipos.

Yasel Porto, encargado de ese espacio, subrayó que la disciplina atraviesa su peor momento en décadas tras conseguir apenas un bronce, confirmando que “problemas económicos y administrativos han convertido a este deporte en el peor de combate en la isla”.

A esta sangría se sumó el pelotero habanero Yasmani Álvarez, quien abandonó el equipo un día antes del compromiso ante Colombia.

El ingenio del escape: engaños y traslados en Uber

El ingenio desplegado por los atletas cubanos para dejar atrás el yugo del régimen dejó en ridículo a los aparatos de vigilancia de la delegación. El caso más dramático de deserción lo protagonizó el portero de hockey sobre césped Moisés David Torres Puig. Horas antes de la inauguración oficial y sin llegar a disputar un solo minuto, el deportista tunero simuló haber sufrido un doloroso golpe en un entrenamiento para pedir hielo.

Con el pretexto de desechar la compresa fría, se dirigió al exterior del recinto y abordó a toda prisa un vehículo de Uber que lo esperaba coordinado previamente con un ayudante.

Colapso total y abandono del oro olímpico

La estampida generalizada demuestra que ni siquiera los triunfos continentales son suficientes para retener a los atletas cubanos, quienes prefieren el exilio a la miseria institucionalizada de la tiranía. Un caso emblemático fue el de la remera matancera Leah Daniela Almeida, quien se desvinculó del aparato estatal poco después de colgarse la medalla de oro junto a Ana Jiménez.

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Sobre su paradero actual se conocen muy pocos detalles, tal como señaló el periodista Francys Romero, confirmando el patrón de escapes masivos donde las jóvenes promesas prefieren borrar su rastro antes que regresar a la pesadilla socialista.

Pese a que la delegación oficialista intentó maquillar el certamen ostentando el tercer lugar del medallero general con 51 preseas de oro, 48 de plata y 46 de bronce, el verdadero titular de los juegos fue la pérdida sistemática de competidores. La deserción de estos atletas cubanos destruye la narrativa del régimen, demostrando que el llamado “baluarte de la Revolución” no es más que una jaula de la que todo deportista de élite busca escapar en la primera oportunidad internacional.

El saldo final de Santo Domingo deja claro que la deserción de los atletas cubanos no constituye un hecho aislado, sino la consecuencia lógica de un país en ruinas. La constante fuga de talento confirma la muerte del deporte estatalizado, en un escenario donde los competidores aprovechan las tribunas internacionales no para gloria del partido, sino como el pasaporte definitivo hacia la libertad y lejos de la represión castrista.

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