Tomado de Adital
MG. ¿Qué han significado las visitas de los papas a Cuba? ¿Qué particularidades tendrá esta primera visita del Papa Francisco?
AA. Cuba dejó una huella en Juan Pablo II, y eso hizo que Benedicto XVI quisiera venir también. De manera que el único país latinoamericano que en 1998 no había sido visitado por ningún Papa, ahora va a ser uno de los pocos visitados por los tres últimos.
Ese impacto sobre aquellos dos papas consistió en el descubrimiento de que había una posibilidad de pobreza con dignidad. Este país vive en un fracaso económico permanente ocasionado por la mezcla de bloqueo y de problemas interiores, y de incapacidad para enrumbar un modelo bajo esa situación bloqueada, que vaya más allá de la supervivencia. La población vive en condiciones en que se logra vencer el desamparo, pero no la pobreza. Ahí hay algo que evangélicamente tiene un sentido.
Pero la visita de Francisco va a ser distinta de las dos anteriores. Este es el Papa que más ha hecho a favor de Cuba en el corto tiempo que tiene de pontificado. No se ha limitado a una simple condena al bloqueo, sino ha ofrecido sus servicios como mediador, lo que ha sido suficientemente importante para que se reconozca por el gobierno cubano y por el de Estados Unidos su papel, junto al del gobierno de Canadá.
El Papa va a venir de visita cuando ya van a estar abiertas las embajadas, que es el primer resultado efectivo importante de esa mediación, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. No es todavía, como han dicho los gobernantes, los nuestros y los otros, la normalidad de las relaciones. Pero es el inicio de ese proceso.
Esta va a ser la más importante de las visitas pontificias, a pesar de que no es tan larga como la de Juan Pablo II, y de que es la tercera. No tendrá el oropel que tuvo la primera, tanto séquito. Es la más importante, primero, porque es el pontificado que ha dado muestras de tener una disposición más proactiva, hacia una aceptación del proceso de transformación cubano con su soberanía y sus cosas. Y la segunda, porque pienso que hay más cosas que decirse entre los discursos de este Pontífice y de los líderes del proceso cubano.
Viene a Cuba y va a Estados Unidos después. Va a continuar en su rol de mediador. Él puede convertirse realmente en un factor para que empiece a flexibilizarse el bloqueo, para que empiecen a encontrarse caminos de flexibilización. Eso le va a ganar muchos enemigos en Estados Unidos, en la derecha norteamericana.
No sé cómo será ahora el cuadro, pero ha habido momentos en que la jerarquía episcopal norteamericana ha dado muestras de simpatía y de cercanía con Cuba, en los 80 y los 90. Al haberse ya abierto las embajadas, la presencia de figuras del clero norteamericano durante su visita a Cuba, como invitados, puede ser mucho mayor que en las anteriores. No solo numéricamente, sino mucho más importante, más significativa, puede tener un peso, incluso, en la promoción de las relaciones posteriores. Aunque la Iglesia Católica no es mayoritaria en Estados Unidos, frente al protestantismo como conjunto, como iglesia individual sí tiene un peso muy grande.
MG. Entre otros factores, el anticomunismo de la Iglesia Católica cubana restringió su presencia en la sociedad cubana. Esta presencia se ha recuperado en cierta medida, junto a su nivel de diálogo con el gobierno. ¿Cómo aprecias la relación entre las posiciones progresistas de Francisco y una iglesia cubana atravesada por corrientes conservadoras que tienden al encerramiento y a fomentar un laicado obediente? ¿Puede la próxima visita contribuir a recuperar el clima de diálogo y a propiciar corrientes a favor del compromiso social y la colaboración con otras instituciones de la sociedad civil cubana?
AA. La iglesia cubana sigue siendo conservadora; pero lo es menos que la de los años 60. El triunfo de la Revolución ocurre tres años antes de que empiece el Concilio Vaticano II; cuando lo que prevalece es la iglesia tradicionalista tridentina.
Antes de Vaticano I, el último Concilio fue el de Trento, en 1540. Este se hizo bajo la influencia del naciente mundo jesuita, que creo la Contrarreforma, y que expresó un reformismo conservador, dirigido a crear símbolos, que rescataran la estructura de la Iglesia Católica. El sistema moderno de educación es el creado por los jesuitas, que establece clases de una hora, con diez minutos de receso entre materias. Articular estas materias en la manera de la escuela como nosotros la conocemos, no existía antes. Esas normas, que son las tridentinas, provenientes del Concilio de Trento, son las que se mantienen vigentes y que Vaticano I no consigue cambiar, porque este concilio no llega a terminar. Así que Vaticano II es el evento que produce una reforma hecha y derecha en la iglesia.
Cuando triunfa la Revolución Cubana, la estructura de la iglesia en el país no había sido modificada todavía por el Concilio Vaticano II. Se trata de una iglesia conservadora, que incluso había estado en contra de la independencia nacional hasta última hora en el siglo XIX.
Tú me hablas del anticomunismo de la iglesia, pero no del ateísmo del marxismo. El comunismo que se asumió en Cuba, mayoritariamente el aprendido de la URSS [Unión Soviética], era ateísta. Para las cabezas que piensan así, la religión es una deformación ideológica, un atavismo llamado a terminar, no un componente legítimo de la cultura.
Ahora bien, la iglesia tuvo un proceso de asimilación del cambio social cubano; y aunque sigue conservadora, no es como al principio; y en eso influyó la Revolución, pero también Vaticano II.
Después de los conflictos que se producen a principios de los años 60 entre la iglesia y el Estado, y se expulsan a aquellos 131 sacerdotes en el barco Covadonga, ocurre una especie de congelación en las relaciones entre ambos. Sin embargo, el primer paso de acercamiento no lo da el Estado cubano, sino la iglesia, como consecuencia de la participación de los obispos cubanos en la segunda reunión de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, en 1968, celebrada en Medellín, donde la influencia de Vaticano II se traduce para América Latina. En este cambio, influyen también sacerdotes como Carlos Manuel de Céspedes, formados por el aura de este concilio.
Y ahí aparecen las dos pastorales famosas en que la iglesia condena el bloqueo, llamándole así, “el bloqueo de Estados Unidos a Cuba”, en 1969. Y después lanza otra pastoral donde dice que no hay problemas para que haya un diálogo entre cristianos y marxistas. Ante estas declaraciones, el liderazgo cubano no reacciona a favor, más bien todo lo contrario. En 1971, ocurrió el Congreso de Educación y Cultura, que fue fuertemente antirreligioso, y promovió el ateísmo. En el Primer Congreso del Partido (1975) hubo una Resolución sobre la iglesia y los creyentes, que, aunque no citaba al ateísmo expresamente, decía que la concepción del mundo del Partido era la concepción científica, lo que quería decir atea.
Mi hipótesis es que, cuando se producen esas pastorales de la iglesia, que hubieran podido provocar un acercamiento mayor, una reacción distinta, sin embargo, ya la subsistencia del proyecto cubano estaba en crisis, e íbamos a tener que sentarnos en el Came [Consejo de Asistencia Económica Mutua] con la URSS. Entonces, en lugar de seguir con la iglesia una política de propiciar la cercanía, esta se descarta, porque estamos en camino al CAME, y no íbamos entonces precisamente a adoptar una posición ajena al ateísmo.
Monseñor Sacchi, el Encargado de Negocios que quedó representando al Vaticano aquí, contribuyó mucho a que se restableciera un diálogo. El Vaticano nos había retirado al Nuncio, y no lo reemplazó, dejó ese Encargado de Negocios, que no era ni primer secretario ni consejero, sino solo segundo secretario. Sin embargo, Cuba no lo reciprocó; en lugar de retirar al embajador, nombró un embajador cubano católico en el Vaticano, Amado Blanco, un hombre inteligentísimo, muy culto, revolucionario, y muy católico. Políticamente fue un gesto brillante, y aseguró que la relación de la parte cubana se mantuviera allí al más alto nivel.
Yo creo que nosotros fuimos más ateos que lo que debimos ser cuando la iglesia estaba empezando a generar mecanismos de aproximación.
MG. ¿Entonces te parece que esta próxima visita del Papa Francisco podría contribuir a recuperar un poco el clima de diálogo, y como decía, propiciar corrientes a favor del compromiso social y la colaboración con otras instituciones, sobre todo de la sociedad civil?
Aurelio Alonso: Sí. Y además, creo que al medio cristiano le va a insuflar también un espíritu distinto. Yo creo que puede ser beneficiosa.
Vistas las características de este pontificado, y el papel que la iglesia cubana ha jugado en sus últimos años, incluida, por primera vez, la intervención en la excarcelación de presos políticos y comunes. Las excarcelaciones, que la iglesia siempre pide, respondiendo al sentimiento de piedad, se suman a otros gestos, que le permitan más visibilidad, más presencia, un espacio mayor en la educación. La iglesia aspiraría siempre a que pueda haber escuelas católicas en Cuba, como los Hermanos de La Salle, las escuelas de los jesuitas. Carlos Manuel siempre apostaba a que eso iba a darse; yo le decía que veía en perspectiva una apertura de la enseñanza religiosa, pero articulada al sistema de educación nacional. Él me insistía en que yo estaba equivocado, que eso podría darse inicialmente, pero que sería un paso para que también se pudiera volver abrir el espacio a las escuelas católicas. Me decía: “Tú y yo, y también Fidel, vinimos de esas escuelas, y la mayoría de los miembros de la dirección del país”. Siempre bromeaba sobre esto, y decía: “Fíjate que los miembros del Comité Central, y los del Buró Político del PCC [Partido Comunista de Cuba], la máxima dirección política, son casi todos figuras formadas en escuelas católicas. Mientras que la mayoría de los obispos se formaron en las secundarias básicas que creó la Revolución, y no tienen nada que ver con la enseñanza católica”. Fíjate qué paradoja esa.
La presencia de Francisco, y el contacto con él, puede jugar un papel positivo en un acercamiento, en una apertura mayor del episcopado actual hacia la Revolución. El cambio político hacia la sociedad que viene, pero no vista con un patrón cerrado.
Francisco no está por la mercantilización de la sociedad; sino porque no se pierda el patrón de igualdad. No va a estar a favor de que se pierda en Cuba lo que él quiere que se gane para el resto del continente, porque está perdido en demasía.
Aunque en Cuba se puede perder el amparo, pues nada es irreversible. Casi todo lo que hemos ganado, menos la memoria, que siempre está ahí — nada más poderoso que la subjetividad —, pero todo lo demás se puede perder progresivamente. Haití es la sociedad más pobre y desamparada de América, y fue la colonia más rica en el siglo xviii. Las reversiones pueden ser brutales.
No pienso que la visita de Francisco vaya a generar un aumento impactante de la feligresía católica, porque en Cuba también, como en otras partes de América Latina, la reanimación de la fe religiosa se ha ido dando ya, por las corrientes de pensamiento religioso, por los movimientos religiosos no tradicionales, se ha ido dando por la vía del pentecostalismo, que es hoy más poderoso que el catolicismo.
Esa demografía religiosa básica que se ha ido configurando en Cuba no la cambia la visita de un Papa, es un fenómeno que tiene un arraigo espiritual propio. Aunque puede impactar favorablemente, dejar un buen recuerdo, no puede sacudir la demografía religiosa del país.
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