¿Por qué deliran los cubanos?

Con esta nueva herramienta, se facilitarían las comunicaciones.

Me encantan los perros y son varios los que hasta hoy tuve, pero ahora recuerdo, ya entenderán por qué, a Dana, una Cocker Spaniel negra a la que adoré, y quien era acosada constantemente por pulgas y garrapatas. Recuerdo su sufrimiento y también el mío. Recuerdo a la vecina que recomendó al fumigador y me dio sus señas. Un hombre joven y solícito tocó a la puerta, y subió cargando sobre el hombro su mochila de fumigación. El resultado fue excelente y se lo hice saber.

Haila en la tembladera

Haila | facebook Oficial

A la cantante Haila Mompié le han estropeado su recholata en Miami. Luego de que el pasado 28 de enero su hermano Alex y su amigo Yohanis Herrera, un estilista de Univisión, le celebraran en Miami su cumpleaños 43 por todo lo alto, apenas le estaba Haila cogiendo el gusto, sin reparar en gastos, a los restaurantes y las tiendas, empezaron a acusarla de procastrista. Resulta que muchos de sus compatriotas exiliados no le perdonan sus declaraciones de pesar por la muerte de Fidel Castro.

La pelota también es política

Víctor Mesa

No me avergüenzo por no ser fanático del pasatiempo nacional. Mi pasión por esta isla se expresa de otras formas, incluida esta “mirada”, oblicua, que dedico al béisbol. Y me arriesgo porque en esta tierra es muy difícil vivir totalmente de espaldas a esa práctica, me arriesgo aunque sea peligroso no reverenciar los fetichismos de la nación, y porque el bate y la pelota están entre las más importantes representaciones de la nacionalidad cubana, desde siempre, desde mucho antes de la “revolución”.

Los deseos que arrebató la “revolución”

Marcha LGBTI en Cuba

En aquellos días en los que Sergio cortaba caña, durante la zafra del setenta, no sintió ninguna molestia cuando sus compañeros de surco lo nombraron Serguei. Eran años en los que crecía la “rusofilia”, tanto como la verdolaga en las márgenes de un río; eran aquellas jornadas en las que se hacía cotidiano inscribir a un niño en el registro civil con el nombre de Vladimir para que fuera como Lenin, y niñas que se llamaron Rosa, o Clara, en homenaje a “la Luxemburgo, a la Zetkin”, mientras desaparecían las Leonor y las Mariana.

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