El barco, el mar y su capitán

El%2Bbarco%2Bel%2Bmar%2By%2Bsu%2BcapitanEl barco ha sobrevivido todos los escollos, el terrible viaje ha terminado y el puerto está cerca. Se oyen las campanas y el pueblo sigue atento la cercania de la quilla, mirando como al final se acerca la nave, sana y salva, como ancla en el puerto, solitaria, como ausente. Su capitán yace en el suelo, frio y muerto, sin voz, pálidos los labios, los ojos como dos cristales oscuros, secos. Muerto mientras la nave encaya, intacta, en su puerto.
No es un poema, o pudo serlo en voz de Walt Whitman. Acaso lo fue entonces.

Esos célebres versos del poeta norteamericano se me antojan sus palabras como si estuviera el 6 de Diciembre en Venezuela, entre los espectros invisibles de esas elecciones legislativas que se acercan y que parecen anunciar lo inevitable, la caída del capitán, la llegada de una nave sin su timonel al puerto.

Mirando ese mar, turbulento, aquel promontorio en forma de isla que queda más allá de ese mar y que ha estado timoneando por otros la vida terrestre de Venezuela, me pregunto, ¿cuál será esa nave? ¿Cómo anclará? ¿Quién será el capitán que asuma su cargo?

Hoy todas las empresas de encuestas auguran la victoria de la oposición. Casi nadie duda. Hasta el presidente en cargo, respondiendo en la tormenta a ese temor, ha reafirmado su voluntad de sobrevivir a cualquier coste esa tormenta. «La revolución continuará», ha dicho, la nave será capitaneada «con la gente en una unión cívico-militar».

¿Cuál es esa «revolución» que encaya en su puerto? ¿Qué queda de ella?

El salario mínimo en Venezuela es de $9.648 bolívares pero la canasta familiar está calculada en 110.116 bolívares mensuales. El sueldo, al cambio no oficial, equivale a solo 11 dólares, y condena al trabajador a vivir exclusivamente de los artículos subsidiados por el gobierno, a filas de tres y cuatro horas, al desabastecimiento, a lo que haya el día en que, por terminación de su cédula, se tiene derecho a comprar. Falta papel higiénico, champú, el desodorante es un «milagro» en el país de las distopias televisadas. En esa televisión todos los días se anuncia un «golpe de estado imperialista» que nunca sucede. En la calle todo se consigue, pero a precio no subsidiado, un precio que cada día se multiplica exponencialmente hasta el infinito. Lo mismo pasa con las medicinas, los artículos para la casa, los repuestos para el carro, cualquier cosa. Del deterioro del salario no escapa ni la clase media ni la intelectualidad. Un profesor universitario gana 24.000 bolívares al mes, pero la canasta básica de su familia necesita un sueldo 4 veces mayor que el que devenga, y ese profesor aún puede considerarse un «privilegiado».

¿Y la seguridad?

Otra de las tantas tragedias cotidianas. Solo el pasado Octubre su capital, Caracas, registró 984. De ellos más del 90% quedarán impunes, sin olvidar que muchos de esos mismos esconden no solo los ejecutados por las bandas de criminales comunes, sino también por las bandas paramilitares chavistas que operan con armas y transportes suministrados a esos grupos por el gobierno. Y, por supuesto, todos ellos quedan inmunes, muchos criminalizados por el gobierno de Maduro como simples «ajustes de cuentas» entre pandillas. En boca del Presidente del gobierno y del Parlamento corren los más vulgares y peores epítetos que el bravo idioma español puede soportar, las peores amenazas y sentencias. La justicia se ha convertido en el bolsillo del ladrón que asalta la república.

¿Cómo salir a la calle en estas circunstancias?

Al hacerlo es evidente el caos: la mayoría de los taxis son improvisados, sin licencia ni número de registro. Por doquier motociclistas sin casco, circulando sin placas. Las señales de tráfico parecen una reproducción sacada de algún catálogo navideño de Macondo, solo sirven como decoración, nadie las respeta. De los apagones no se salvan ni los propios aeropuertos. Los mercados se inundan por las colas y no es extraño el día que no haya reyertas, que la gente se enrede en peleas y asaltos para alcanzar el producto más esencial para la vida, como la harina. Tampoco se salva el venezolano de la inestabilidad de los servicios y de las ofertas que ofrecen esos mercados.

Mientras, Caracas está forrada de vallas políticas a favor del gobierno, como la television y la mayoría de los periódicos. Maduro ejecuta su descarada propaganda electoral y amenaza con no respetar los resultados si pierden. El crimen de Luis Manuel Díaz, a plena luz del día y cuando transcurría un acto pre-electoral con la asistencia de Lilian Tintori, esposa de uno de los políticos opositores más populares del momento encarcelado, demuestra la inmunidad del chavismo y sus bandas armadas. El Presidente del Parlamento venezolano, Diosdado Cabello, a sabiendas de su propia mentira y con conocimiento de facto de toda la población venezolana, culpa de sicariato al ejecutado por sus propios seguidores. El acoso a los opositores, empezando por la propia esposa de Leopoldo López, causa cada día más miedo. Ni siquiera se intenta disimular, ya no se esconden ni en la mentira ni en el más turbio de los engaños. Y López, cuyo partido lidera las encuestas, sigue incomunicado y sentenciado a 13 años tras un juicio amañado para todo el mundo, hasta para sus mismos ejecutores. Para el propio 6 de Diciembre la boleta electoral ha sido diseñada para que la gente que busque algún partido de oposición se equivoque y en su lugar marque al partido oficial de gobierno. Son tan obvios los abusos, la intención de hacer trampa y las amenazas que se ejecutan por todos los miembros de las ramas ejecutivas y legislativas del gobierno chavista, que todo parece más salido de la burda y jocosa caricatura aquel programa de los setenta de la cubana televisión nacional que todos conocemos tan bien, «San Nicolás del Peladero».

¡Plutarco Tuero Maduro, en persona!

No entiendo como a nadie se le ha ocurrido pensar en Chile, en aquel Chile de los ultimos dias de Allende. Pues, ¡sí!, lo que ocurre hoy en Venezuela me recuerda sin lugar a dudas aquellas circunstancias. Son los mismos síntomas y las mismas consecuencias, con una gran diferencia. Esta es: el Chile de Allende se enfrentaba a la nave mal piloteada por Allende siguiendo el capitaneado de Castro desde Cuba, con un Castro que aún no timoneaba con suficiente astucia, maña y descaro, y que no lograba hacer entrar en razún a sus suboficiales de gobierno en el país austral. Todavía quedaban tibiezas, todavía se trataba de velar las trampas, el acoso, la mentira con algún golpe de mano. Todavia quedaba un poco de pudor para ejecutar el crimen.

Hoy en Venezuela ese poco de pudor no existe. Los crímenes se cometen. Las mentiras se dicen sin que los rostros enrojezcan de verguenza, y sin que la vergüenza se conozca en las mentes delincuenciales de sus ejecutores. Las armas que en Chile se almacenaban para el día del autogolpe, precisamente un 16 de Septiembre, ya se usan para atacar indefensos estudiantes, políticos de oposición y hasta para la intimidación cotidiana de los simples ciudadanos y propietarios. Se han usado todos y cada uno de los instrumentos de terror que empleó Allende con sus socios de gobiernos, y que tanto las izquierdas ocultan, se callan y silencian: expropiación forzosa, robo de propiedades, asaltos, amenazas, extorsión. El chavismo añadió el descaro, la acción violenta sin vergüenza pública, el total desparpajo.

Todos los analistas coinciden en que el 6 de Diciembre el partido de Maduro perderá, con un amplio margen de pérdida. El propio Maduro ya casi se confiesa perdido y asume que procederá a establecer un poder paralelo a la legislatura que suceda a esas elecciones. La cacareada «unión cívico-militar» no es otra cosa que un autogolpe, así de sencillo, como aquel que Allende intentaba hacerse el 16 de Septiembre, únicamente abortado por la oportuna intervención del ejército comandado por tres generales, entre ellos Pinochet, un 11 de Septiembre de 1973.

No está de más, para los desmemoriados o los convenientes oportunistas de paso, recordar como entre los documentos encontrados en «La Moneda» estaba el listado de nombres de los miembros de los partidos y organizaciones de la oposicion chilena que iban a ser ejecutados por los integrantes del exgabinete de Allende, miembros del Frente Patriótico «Manuel Rodríguez» y la Brigada «Ramona Parra». En Venezuela esos nombres ya están siendo ejecutados, y los autores intelectuales de los crímenes no se ocultan ni en veladas mentiras ni en pudorosas palabras. Desde el estrado del Parlamento y desde el Palacio de Gobernación, Miraflores.

Nada de esto transcurre sin que los que se asientan más allá del mar de las costas venezolanas lo desconozcan. Maduro y Cabello y otras oficialidades locales viajan a La Habana, consultan con los hermanos Castro. Si en Chile habían 10 mil cubanos que adiestraban y dirigían a los grupos terroristas de izquierda y a la isla viajaban chilenos para entrenarse en las tareas de sabotaje y de guerra de guerrillas, hoy en Venezuela esa cifra se multiplica por un factor exponencialmente más alto de lo que era en Chile en su momento más álgido, y están hasta en las fuerzas armadas, algo que nunca pudo lograr Allende.

Muchos analistas teorizan sobre la posibilidad de que Maduro suspenda las elecciones reclamando «circunstancias de emergencia», excepcionales. Otros hablan de que se empleará a fondo todo el arsenal de trampas, desde las más burdas hasta las más ingeniosas. Para estos últimos el chavismo está repitiendo el mismo manual de siempre, en el que los medios de comunicación los hacen ver como «débiles», en el que las encuestas dicen que la oposición es mayoría, en el que una serie de noticias vinculan a funcionarios de alto poder con actos ilícitos, en el que Maduro sale diciendo que «si pierde, habrá violencia y se lanzará a la calle» y en el que la gente empieza a repetir que «en estas elecciones sí vamos a sacar a los chavistas».

Para esos toda esa manipulación es para convencer a la gente de que vaya y participe, porque la única forma de que una trampa electoral tenga éxito es que se vote masivamente, con lo que se le da legitimidad al proceso, mientras que en la sala de totalización se voltean los resultados a conveniencia.

¿Ocurrirá esta última versión en el «hundimiento del barco»?

No lo sé. No lo puedo reafirmar ni denegar con total convencimiento.
Se hace aún mas dificil no solo por las circunstancias, sino por la misma naturaleza de los personajes involucrados y su total falta de escrúpulos y vergüenza.
Se hace muy dificil conocer cuáles serán las maniobras que el ejecutivo chavista aplicará llegado el momento. Pero de lo que sí estoy totalmente convencido es que los dueños de «los caballitos petroleros», aquellos que desde lejos mueven los hilos, ejecutan los gambitos de ajedrez e intercambian las fichas, no vacilarán en aplicar el remedio desesperado, aquel que no le lograron que le aplicaran en Chile.

En la Venezuela del 6 de Diciembre si las trampas no funcionaran, si la votación fuera tan abrumadora a favor de la oposición y si las principales figuras chavistas estuvieran con toda seguridad desbancadas a consecuencia del voto popular, los verdaderos dueños del país – y ustedes saben a quienes me refiero – no dudarían en aplicar aquel autogolpe de izquierda que no pudo ser ejecutado en el Chile de Allende, como consecuencia de haber actuado primero el ejército chileno.

El ejército en Venezuela está en manos del chavismo, las fuerzas paramilitares, la policia, las bandas de delincuentes políticos armados desde mucho antes por el mismo Chávez «sorprenderán» a Caracas y a todo el país con una sorpresa que no sorprenderá a nadie más allá de sus mismas fronteras.

En Venezuela lo que transcurrirá entonces será un autogolpe. Su jefe lo acaba de anunciar cuando no se sonroja en declarar su «unión cívica-militar». Una formal dictadura militar de «izquierda», bendecida por los mismos que querían bendecir la de Allende; defendida por la misma izquierda que sigue con el mito del «bueno Allende» y del «malévolo Pinochet»; y condonada esta vez por una administración norteamericana que ha perdido todo protagonismo político, de inteligencia y militar en la región.

Algunos se calientan el cerebro pensando que el autogolpe no sucederá, que América intervendrá para salvar una vez más la democracia en Venezuelay que la CIA seguirá el mismo guión de aquel 11 de Septiembre en Chile. Desgraciadamente, para aquellos y para los otros, las circunstancias regionales han cambiado, los tiempos han variado demasiado, Venezuela esáa rodeada de una red de cómplices pagados por su petróleo y la administración norteamericana que hoy se encuentra en la Casa Blanca, no solo está involucrada en muchos fiascos y frentes internacionales, sino también es demasiado débil, timorata y pusilánime, demasiado autodidacta hasta en su misma mediocridad. No moverán un dedo y condenarán solo de palabra, una palabra que cada día va siendo cada vez más débil y menos respetada en este mundo nuestro.

La nave que se avecina a su puerto en la Venezuela de este 6 de Diciembre encayará o con el mismo capitán o con alguno nuevo de ocasión. Y el bueno de Walt Whitman se sentará una vez más a la orilla de aquel puerto para cantar sus ya reconocibles versos.

“¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas

Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,

mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
la nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,
de vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad campanas!
Mas yo, con tristes pasos,
recorro el puente donde mi capitán yace,
frío y muerto.”

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