
Para nadie es un secreto el alto índice de emigración que enfrenta Cuba ¿las causas? son bien conocidas, pero entre estas, sobresale la imposibilidad de concretar una buena o al menos aceptable calidad de vida digna en su tierra.
El Diario El Nuevo Herald indica que la ausencia de datos oficiales precisos sobre el tema complican el cálculo exacto de la cifra. La Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba (ONEI) no publica el número exacto de cubanos que abandonan el país, sino un “saldo migratorio”, la diferencia entre los que entran y salen del país. Según cifras reportadas por esa entidad, la emigración ha tenido un saldo negativo de 659,973 personas que habrían emigrado desde 1994, aunque por definición el número de emigrados sería mayor.
De esta manera, la familia cubana, tristemente comienza a padecer la congoja y la melancolía por quién ya no está físicamente, porque sin duda, los lazos afectivos no se pierden, permanecen allí, cómplices de una situación que permanentemente se debe superar en la distancia.
Es el desmembramiento de la familia cubana que en idas y venidas, espera por un cambio que posibilite consolidar los sueños y vivir dignamente.

Irina Pino, vive en Cuba. Ella refiere en un artículo de Havana Times:
“Los hijos de mi sobrina Catherine, menores de diez años, se adaptarán mucho más rápido a una lengua foránea, empezarán una nueva escuela, tendrán amigos. Del mismo modo, cuando crezcan, adquirirán otras costumbres y modo de vida. Sus padres tendrán que trabajar duro, en lo que aparezca, pues la ayuda del abuelo no bastará”.
Para quienes emigran a corta edad, las posibilidades de adaptación a otra tierra son más amplias, al menos, tienen más seguridad de logro.
Para Pino, lo importante es lo que a simple vista no se percibe, la alegría y esa cantidad de sentimientos revueltos que se generan por ver nuevamente a un ser querido, independientemente de los detalles materiales que suelen traer a Cuba, quienes regresan desde otras latitudes para visitar a sus familiares.
“Aurora fue una de las primeras que regresó a vernos, en la época en que James Carter abrió los viajes de la comunidad cubana, para que la gente se reuniera con sus familiares, después de muchos años de separación. Pienso que los recuerdos y la alegría del reencuentro siempre son superiores al contenido de las maletas”.
Familias cubanas que se han roto, que están dispersas por todo el mundo, pero que cuando se reencuentran se alegran, se aman y adoran su terruño, aunque lo hayan dejado.
En la plataforma de YouTube hay numerosos videos que exponen esta cruda realidad.
Con información de Havana Times y El Nuevo Herald