El cubano Pedro Armando Junco López se tomó parte de su tiempo para relatar la historia de otro antillano a quien calificó como “buen samaritano” porque estaba repartiendo comida entre las personas de bajos recursos en el boulevard de la calle república de Camagüey.
El isleño contó que quedó sorprendido cuando vio la acción de ese hombre que llevaba alimentos a los hambrientos.
“Un hombre joven que llevaba casco de motociclista en la cabeza, se acercó al mendigo, lo incorporó hasta recostarlo a la pared de la librería, y con voz tierna le preguntó si tenía hambre -¿Hambre…? Sí.- balbuceó el pordiosero. Entonces el del casco extrajo de un bolso en que cargaba bocaditos, uno muy bien elaborado y lo entregó al hambriento, a la vez que extraía de otro bolso parecido una lata de refresco frío”, relató el cubano.
Pedro Armando contó que disimuladamente siguió al hombre porque sintió curiosidad de lo que estaba haciendo y en ese momento se dio cuenta de que estaba repartiendo bocaditos y refrescos a quienes lo necesitaban.
“Cuando llegó a su moto aparcada en el callejón de Correa para marcharse, ya montado en ella, se percató de mi presencia y seguimiento. Lo saludé con el pulgar hacia arriba y me respondió de igual manera. Lo vi partir feliz y hasta me pareció sentir caer desde el cielo lluvia de bendiciones”, dice parte del mensaje.
En Cuba la pobreza se apoderó de todos los hogares, por este motivo resulta impresionante ver la solidaridad de algunos antillanos que a pesar de que en su casa también faltan los alimentos, pueden sacar un poco de lo que tienen, para compartir con los que están mucho más necesitados.
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Redacción Cubanos por el Mundo