El youtuber cubano Eddy Ceballos no fue el único que fue víctima de secuestro por parte del régimen, pues su camarógrafo también sufre hoy la misma suerte bajo el yugo de la dictadura castrista.
El aparato represivo de La Habana, en su afán enfermizo por sepultar la verdad y aplastar cualquier vestigio de libre expresión, extendió sus garras hacia el técnico audiovisual que acompañó al creador de contenido en la filmación de su último material.
Esta nueva detención confirma que la tiranía no muestra piedad con quienes se atreven a documentar la ruina de sus propios mitos.
La familia del realizador del espacio Despingovery Channel rompió el silencio ante Ernesto Morales para alertar sobre la captura del colaborador. El joven participó en la grabación de un episodio rodado en los restos de un emplazamiento militar de la época soviética. Aunque los esbirros de la Seguridad del Estado permitieron que el técnico permaneciera en libertad semanas después del arresto inicial de Eddy Ceballos, la maquinaria del terror decidió encarcelarlo recientemente.
Los familiares expresaron textualmente: “No sabemos bajo qué cargos, porque a él lo dejaron libre hasta mucho después de arrestado Eddy, pero sabemos que ahora ya lo tienen arrestado también”.
Saqueo de “evidencias” ante la falta de delitos reales
La dictadura castrista ejecuta un libreto predecible cuando carece de argumentos legales para sostener sus atropellos. Los allegados del youtuber cubano confirmaron que los agentes represivos confiscaron de manera totalitaria cada prenda de vestir y cada herramienta de trabajo que el humorista utilizó el día de la filmación.
El inventario incautado incluye un sombrero de camuflaje con linterna frontal, un chaleco utilitario, espejuelos, guantes negros y la camiseta que portaba el creador digital. Asimismo, los militares robaron el teléfono celular empleado para el rodaje y el estabilizador de la cámara.
“Tuvimos que entregar absolutamente toda la ropa y los implementos que traía ese día”.
Este desvalijamiento arbitrario demuestra la desesperación del Ministerio del Interior por fabricar pruebas donde solo existe humor y documentación ciudadana. Con total lucidez, los parientes del creador concluyeron: “Como no tienen evidencia alguna de delito, están tratando de ver de qué se agarran. No tienen caso en su contra y están tratando de ver qué inventan”.
La farsa judicial del castrismo contra el entorno del creador
El arresto del youtuber cubano, de 38 años de edad, aconteció en el municipio Diez de Octubre, en La Habana, mediante un despliegue policial desproporcionado que bloqueó cualquier comunicación inmediata con su esposa, Daniela Escarra.
La furia del régimen se desató tras la difusión, el 24 de mayo, de un adelanto del video donde Ceballos recorría búnkeres abandonados, radares oxidados y vestigios de misiles soviéticos de la década de 1960. El castrismo pretende proteger como secretos de estado las ruinas abandonadas que exponen su ineficiencia y decadencia histórica.
El 5 de junio, los verdugos trasladaron al realizador hacia el Centro Penitenciario de Alta Seguridad Combinado del Este, un infierno carcelario destinado a quebrar voluntades. En un inicio, la tiranía notificó que imputaría al youtuber cubano el cargo de “invasión de propiedad militar”.
Ante el ridículo legal, la fiscalía sumisa de la dictadura elevó la hostilidad y ahora acusa al joven de “revelación de secretos concernientes a la Seguridad del Estado”, una manipulación procesada por tribunales militares que contempla condenas brutales de hasta 30 años de privación de libertad.
Tortura y ensañamiento en las mazmorras del régimen
El ensañamiento del castrismo no se limita al ámbito judicial, sino que golpea directamente la integridad física de los prisioneros políticos. Marieta Pérez Alfaro, madre del youtuber cubano, denunció el pasado 17 de junio que su hijo sufrió agresiones físicas severas dentro del penal.
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El propio creador describió su reclusión en el Combinado del Este con palabras desgarradoras que su madre citó de forma textual: “la antesala del infierno, un lugar de mucho sufrimiento”.
La dictadura mantiene hoy bajo estricto aislamiento al creador de contenido y a su camarógrafo, consolidando este caso como una muestra despiadada de la criminalización del periodismo independiente y la creación digital en Cuba.
Las plataformas de derechos humanos internacionales observan con indignación este nuevo atropello contra el entorno del youtuber cubano, cuya única “culpa” consistió en mostrar al mundo la chatarra abandonada de un régimen que subsiste mediante el terror y la violencia.