Sabemos que la diplomacia elude en ocasiones problemas intrínsecos de las naciones. Sabemos que por diplomacia y conveniencia, líderes mundiales se hacen de la vista gorda ante realidades inmediatas, por eso de la “soberanía” y de que lamentablemente la cooperación internacional es a veces más un “toma y dame” que realmente interés por la integración del mundo.
Sabemos también que por diplomacia se evita manifestar opiniones por el riesgo de sucumbir ante la “injerencia”. Pero es menester sentir que es mucho más agresivo para una nación (nótese no país) emitir comentarios que se alejan totalmente de la realidad, esa realidad que día a día lastima, reprime, coarta y separa a una población sedienta de libertad, de justicia y prosperidad.
Especialmente cuando es la postura de una voz mundial, sagrada y respetada para quienes practicamos la iglesia católica e inclusive atrevo a decirme que todas las religiones. Más que un jefe de Estado, el mundo a usted lo ve como Su Santidad, como el líder próximo a la Divinidad, nuestra conexión terrenal con el Altísimo.
Sus recientes declaraciones tras el encuentro con el Patriarca Ortodoxo Kiril en La Habana nos dejan con un malsabor, con una sensación de que luego de más de 50 años de una dictadura vil y despiadada el mundo parece desconocer la realidad cubana.
No podemos entender cómo usted, su Santidad, quien en un acto de bondad pidió la cooperación centroamericana para la protección y movilización de los miles de cubanos en Costa Rica, en su paso por la Isla tilda a Cuba de “capital para la reconciliación”.
¿Cómo podemos hablar de reconciliación en Cuba? Cuando más de 11 mil nacionales han huido desesperados de la miseria, la falta de oportunidades, el abandono y especialmente: la represión, desde que comenzó la crisis migratoria en Centro America. Una represión que domingo a domingo agrede a quienes “osan” en alzar su voz en contra de un régimen totalitario bajo la consigna #TodosMarchamos. Las Damas de Blanco, perseguidas, golpeadas y apresadas son la viva imagen de una Cuba muy lejana al concilio.
Irónicamente, suscribe unas declaraciones en las que asegura que su “atención está dirigida principalmente hacia aquellas regiones del mundo donde los cristianos están sometidos a persecución”. Aunque los cubanos quisieran no vivir en el pasado, su estancamiento durante media década obliga a recordar que quienes hoy mal gobiernan el país, tomaron el poder incendiando iglesias, persiguiendo a fieles devotos, con la expulsión de sacerdotes, disminuyendo las órdenes religiosas y hasta modificaron la Constitución para la separación entre Iglesia y Estado.
Fueron más de dos décadas de guerra declarada de los Castro hacia el catolicismo. Debemos aclarar también que el año 2016 en Cuba, se estrenó con la demolición de una iglesia evangélica en Camagüey, por una orden de ese autoritario sistema gubernamental al que usted agradece el recibimiento.
Preguntamos nuevamente ¿Cómo podemos hablar de reconciliación? Cuando a los cubanos que aún subsisten en la tierra de Martí siguen sin serle reconocidos sus derechos y libertades fundamentales. Estos, su Santidad, representan a la perfección su preocupación manifiesta por las “personas que viven una situación desesperada, viven en la pobreza extrema en el momento en que la riqueza de la humanidad está creciendo”.
Su reconocimiento a los Castro, con todo respeto debo decirle, que quienes hemos sido víctimas del legado castrocomunista lo sentimos como una burla que no perdonarían las víctimas del Holocausto si usted se atreviera a saludar a Hitler ni los perseguidos por el Régimen militar si elogiara el esfuerzo de Augusto Pinochet.
Cuba les parece hospitalaria a todos aquellos que no viven bajo el castrismo. A quien venga de paso y se deleite con el paisaje natural y deambule por la ruta definida por la dictadura, verá esa Cuba que va por la “unidad” mientras que se cumple su temor confeso de la indiferencia por el destino de miles de migrantes que tocan la puerta de los países ricos, separando familias “centros naturales de la vida de un ser humano”, en la exasperante búsqueda de oportunidades de vida, bienestar social, libertad y derechos fundamentales.
Cierro con esta frase del recordado escritor cubano, defensor de la libertad:
“La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes”
y agrego que hablaremos de reconciliación cuando cada cubano goce de la libertad de pensamiento, de obra y acción y le devolvamos a la Isla su color y tradición.
Redacción Cubanos por el Mundo
Hay un pequeno detalle, el 20 % de la poblacion cubana actual ha escapado de la isla
No hay una verdad tan grande como lo dicho en esa carta, a nadie le conmueve los sufrimientos de los cubanos todo es una hiporecia en base a los intereses de cada cual empezando por Francisco al cual ya yo no le daría la manos mía para saludarlo me tuvo engañado