Carteles contra el régimen desatan persecución por parte de los esbirros

Carteles contra el régimen cubano aparecidos en los últimos días han hecho que la cúpula envíe a sus esbirros a desatar una cacería humana en localidades como Santa Clara y Contramaestre.

El miedo, ese sentimiento que durante décadas funcionó como el principal mecanismo de control de la dictadura, hoy se desvanece ante una ciudadanía que, harta de hambre y miseria, utiliza la escritura como arma de combate.

Ante la incapacidad absoluta de identificar a los responsables de esta ola de rebeldía, la Seguridad del Estado optó por su táctica más rastrera: el acoso sistemático contra los familiares de presos políticos.

Cartel contra el régimen en Contramaestre
Cartel contra el régimen en Contramaestre / Foto: Martí Noticias

La persecución de los esbirros

La ciudad de Santa Clara vive jornadas de tensión. La proliferación de carteles contra el régimen en paredes, locales públicos y edificios ha desquiciado a los jerarcas del Ministerio del Interior. Al no hallar a los autores intelectuales y materiales de estas pintadas, los agentes de la policía política decidieron atacar a los más vulnerables.

El caso de Margarita Márquez Blanco, por ejemplo, resulta ilustrativo de la bajeza moral de quienes sostienen el poder en la isla. La mujer, quien tiene a su cuidado a dos menores de edad y carga con el peso emocional de ser esposa y madrastra de dos prisioneros de conciencia, Serguey Pozo Tagle y Yamislán Pozo Águila, recibió una citación para presentarse en la 5ta unidad policial de Santa Clara el pasado 12 de junio.

Los verdugos, escondidos tras placas de supuesta legalidad, la obligaron a esperar media hora antes de someterla a un interrogatorio cargado de intimidación y falsas promesas.

Interrogatorios bajo coacción

Dos oficiales de la Seguridad del Estado intentaron, sin éxito, arrancarle información sobre quiénes escriben los carteles contra el régimen que amanece tras cada esquina de la ciudad. Margarita, en declaraciones a Martí Noticias, expuso la verdadera cara de este hostigamiento.

“Ellos amenazándome porque a cada rato amanece el pueblo de Santa Clara de una punta a la otra lleno de cartelitos y ellos no saben quién está poniéndolos. Por tanto, andan amenazando a cuánta gente se les ocurre que pueda ser activista y lo citan para ver a quién le sacan la información, a ver quién es”.

La saña contra la familia de Margarita tiene un trasfondo de vendetta. Sus familiares, Serguey y Yamislán, permanecen encerrados bajo el absurdo cargo de “propaganda contra el orden constitucional”. El régimen los condenó por el simple acto de lanzar octavillas en las arterias principales de Santa Clara, donde convocaban a un “día cero” bajo el lema Cuba Primero.

Citación policial en Santa Clara
Citación a Margarita Márquez Blanco / Foto: Martí Noticias

Un fenómeno de alcance nacional

No obstante, Santa Clara no representa un caso aislado. En Contramaestre, Santiago de Cuba, los ciudadanos viven una realidad similar. Residentes locales, quienes solicitan anonimato absoluto para evitar represalias físicas, describen una situación de desobediencia civil creciente.

“Contramaestre en candela: Carteles por dondequiera. Las carreteras escritas. Frente a la casa de mi hijo rayaron todo y pusieron carteles”, relató una testigo al medio citado.

Los muros y el pavimento de ese municipio han sido testigos de mensajes directos: exigencias de que el Partido Comunista abandone el poder, llamados al fin de la dictadura y peticiones urgentes de una transición política necesaria para rescatar a la nación del abismo.

El Observatorio Cubano de Conflictos documentó que este fenómeno se extiende como pólvora. Los carteles contra el régimen son, en esencia, la respuesta popular a una crisis económica que asfixia y a unos apagones constantes que mantienen a la población en la oscuridad.

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Grafitis con consignas como “Libertad” y “Abajo el comunismo” aparecen ahora en múltiples provincias, demostrando que la dictadura perdió el control de la narrativa callejera.

La modalidad de estas protestas anónimas demuestra que la sociedad civil busca alternativas creativas para expresar su hartazgo, dejando atrás (al menos de momento) las marchas tradicionales que el aparato represivo solía reprimir con sangre.

Cada nuevo mensaje que aparece bajo el amparo de la noche representa un golpe directo a la legitimidad de un sistema colapsado.

A pesar de las constantes citaciones, el acoso a opositores y la vigilancia extrema, la Seguridad del Estado fracasa en su misión de detener la disidencia.

La aparición constante de estos carteles contra el régimen confirma que el miedo cambió de bando. Por mucho que los esbirros intenten intimidar a mujeres como Margarita Márquez Blanco, el grito de libertad ya está escrito en las calles.

La dictadura, que se derrumba entre la ineficacia y la desesperación, sabe que estos carteles contra el régimen son el preludio del final inevitable que el pueblo cubano reclama a gritos en cada pared de la isla.

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