
El precepto de este jueves en el Pleno Ampliado de la Unión de Periodistas de Cuba: “para que el proyecto político, económico y social de la Revolución, sea exitoso debe contar con un sistema de comunicación pública que lo apoye y fundamente su existencia”
Durante más de 50 años, la comunicación ha sido uno de los tantos bienes estatizados con la idea de radicalizar una revolución que hasta el sol de hoy, no ha rendido frutos. Se habla de buscar el éxito de un proyecto político, que ha socavado las libertades del pueblo cubano.
Según el Partido Comunista de Cuba, la “comunicación es una plataforma articuladora de todos los actores de la sociedad para que las prioridades políticas se conviertan en prioridades de todos, a la vez que es un recurso estratégico del Estado y de sus diferentes procesos.”
Para quienes creemos saber “algo o mucho” del periodismo, esto no resulta más que una bofetada a la inteligencia. El periodismo, ese que representa según el Gabo “el mejor oficio del mundo” se dedica a la noticia, a la opinión, a la interpretación pero jamás a la mentira. Y en eso se han convertido los medios estatales, en fuentes emisoras de irreales afirmaciones bajo desconcertantes escenarios.
La prensa dejó de cumplir su rol de informar, educar, para comenzar a adoctrinar al pueblo cubano en la ideología fallida que inició en 1959.
Derecho de todos, propiedad de nadie
Según Juventud Rebelde, la comunicación es la “aliada estratégica del socialismo”. Aliada que ha jugado entonces en la radicalización de un sistema, en una cortina que cubre la realidad, la aliada de la revolución y la enemiga durante años, del pueblo cubano.
“Un derecho ciudadano” que sigue entregándose para servir a la vileza de un régimen que insiste en mantener que los medios son “una fortaleza en la defensa del socialismo“.
Sin embargo, cuando a la comunicación le cierran una puerta, siempre se abre una ventana, vean esta como una de ellas. La verdad de Cuba no la conoce más nadie, que su pueblo, no los Castro.