
A 12 semanas de la muerte de Fidel Castro. A 12 meses exactos para que Raúl Castro finalice dos quinquenios consecutivos como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y de acuerdo a su “promesa” ceda el poder – por lo menos de figura.
El diario El Universal recoge lo que podrá ser una histórica etapa en 58 años y 56 días de revolución comunista, tiempo suficiente para haber gestado una “revolución” aunque este no haya sido el caso.
Podrá iniciar una etapa de sucesión, trascendental y sin precedentes. Raúl dejaría el poder y no por complicaciones de salud como lo hiciera su hermano quien le entregó las riendas de manera temporal y luego decidió en 2008 entregárselas definitivamente.
La incertidumbre se apodera de cuál será el destino del próximo año cuando Raúl se convierta en el saliente “presidente” aunque este nunca haya sido electo por la votación popular.
Para la cubana Marta Beatriz Roque, disidente y ex prisionera política, “Raúl va a seguir mandando”. “Él es el primer secretario del partido, que es el que dirige, según la Constitución. Él dejará la jefatura de gobierno y Estado pero no la dirección del país, a cargo del partido”explicó.
“La esencia de partido único sigue intacta”, insistió en un Estado monopartidista que no permite la apertura económica, ni empresariado privado mucho menos la libertad de pensamiento y el multipartidismo.
“Hoy empieza algo sólo cosmético”, adujo la disidente.
Raúl Castro se había comprometido con su antecesor a continuar en la construcción del socialismo. Sin embargo su llegada al poder ha tenido otras características que – en cierta medida- lo han diferenciado de su hermano.
Por ejemplo, el PCC definió durante 2011 que las figuras de cargos estatales y gubernamentales tenían un periodo máximo de 10 años del poder. El caso más emblemático será la salida de Casto el próximo 24 de febrero de 2018. ¿Qué pasará entonces? Por primera vez en casi 60 años, tendrá Cuba un dirigente que no sea de la dinastía Castro?
A Raúl Castro se le recordará también como uno de los arquitectos del deshielo, que ha ido en beneficio de su gobierno, aunque no necesariamente de los cubanos. Un mensaje claro ha enviado a Donald Trump asegurando que Cuba continuará trabajando siempre y cuando este acuerdo sea “sin condiciones”.
Más allá de las formas en algo estamos claros: retroceder sería malo para Washington y en especial para los cubanos. Los movimientos de Trump serán determinantes. Quizás por eso se ha sabido tomar su tiempo, dedicándose a otros asuntos mientras redefine la política hacia Cuba.
Los próximos 12 meses serán la clave.
Redacción Cubanos por el Mundo