Luego que el piloto de American Airlines efectuó un aterrizaje redondo del Boeing 767, en la pista de la terminal número dos del aeropuerto internacional José Martí en La Habana, la cabina de pasajeros rompió en aplausos.
Gisela Mirantes no podía contener las lágrimas. “Hace diez años que no venía a Cuba. Soy de Pinar del Río y resido en New Jersey. Me han contado que acá las cosas han cambiado para bien”, afirmaba, antes de bajar por la escalerilla del avión rumbo al chequeo aduanal.
Ahí comenzó el drama. Por falta de información, Mirantes trajo tres televisores e igual número de computadoras personales. Y en abultados paquetes decenas de regalos, electrodomésticos y ropa para su familia pobre en Vueltabajo.
“Las cosas siguen igual o peor. Esta gente de la aduana son unos sinvergüenzas. Me cobraron 250 dólares por exceso de equipaje, a pesar que en Miami ya había pagado a la línea aérea ese importe. Después tuve que pagar 1.200 dólares por traer un tercer televisor de 42 pulgadas, pues sólo permiten dos televisores y una computadora”, dice colérica, mientras espera un taxi en un andén más parecido a una estación de trenes que a un aeropuerto. …continuar leyendo aquí