La gran interrogante. ¿Acaso la irreverencia de la juventud no contraría el letargo de casi seis décadas de “revolución”? ¿Por qué los jóvenes cubanos tienen metas superficiales y no con retos que puedan cambiar al mundo?
Se piensa con el estómago. En Latinoamérica esta ha sido la prerrogativa que se ha mantenido. Cuba ha sido prácticamente pionera en esta praxis. Cuesta pedirle a los jóvenes cubanos que sueñen más allá, cuando hay tanto que desconocen.
Aunque en su mayoría, los jóvenes cubanos tienen el acceso a la formación universitaria, luego de recibir el título, las oportunidades son tan escasas como los productos en los almacenes.
“La mayoría de los temas de conversación de los cubanos giran a la situación económica, lo que responde a una necesidad social. El hombre antes de hacer ciencia, religión, política tiene que tener un techo, comida y ropa que ponerse”
El cierre final del reportaje abre otra interrogante: “¿Cuántas personas hemos fallado para que lleguemos a la fatal conclusión de que la juventud está perdida?”
Siempre puede haber esperanza, los jóvenes pueden ser la de Cuba.