La dictadura cubana, que durante décadas ha funcionado como destino de conveniencia para delincuentes y fugitivos que buscan amparo bajo sus reglas propias y su opacidad institucional, entregó esta semana a uno de los diez hombres más buscados por la justicia española.
Martiño Ramos Soto, exprofesor español de educación infantil y primaria, exmilitante del partido gallego En Marea y condenado a 13 años y medio de prisión por agredir sexualmente a una alumna menor de edad durante cuatro años, pisó suelo español el jueves y esa misma tarde ingresó en prisión.
El episodio cierra un capítulo de fuga que involucró cuatro países, una identidad falsa y una estrategia de camuflaje cultural diseñada para pasar desapercibido en la capital cubana que no le funcionó.

La condena contra Ramos Soto la dictó la Audiencia Provincial de Ourense, ciudad gallega donde el acusado era una figura conocida, impartía clases de música, participaba en la vida cultural local y militaba en el activismo de izquierdas.
En ese sentido, el Tribunal Supremo confirmó la sentencia en julio de 2025. En ese mismo mes, el exprofesor español desapareció para iniciar su huida fuera del país europeo.
Huida del exprofesor español y refugio en Cuba
La reconstrucción policial de su fuga revela una secuencia de movimientos calculados para ganar distancia y tiempo. Primero se desplazó a Portugal, donde tomó un vuelo desde Lisboa con destino a Brasil. Desde allí viajó a Perú y, finalmente, llegó a Cuba, el destino que eligió como refugio definitivo.
En ese sentido, la Policía Nacional de España consideró que el condenado contaba con algún tipo de apoyo en la isla para instalarse y sostenerse.
Una vez en La Habana, Ramos Soto adoptó una nueva identidad operativa. Abandonó su nombre, Martiño, por la versión castellanizada Martín Soto, y se presentó en los círculos que frecuentaba como fotógrafo.
Lejos de mantener un perfil bajo, abrió una cuenta de Instagram el 13 de julio de 2025 , días después de darse a la fuga, con su imagen reconocible, en la que publicó más de cincuenta fotografías que lo mostraban trabajando en galerías de arte y desfiles en la capital cubana. Uno de los indicios más concluyentes para los investigadores fue una publicación del 14 de noviembre en la que fue etiquetado en un centro cultural habanero.
Según la reconstrucción que realizaron fuentes consultadas por EFE, Ramos Soto “empleaba la excusa de la fotografía para entrar en contacto con mujeres jóvenes” durante su estancia en Cuba.
El patrón resulta inquietante a la luz de la condena que cargaba: la Audiencia Provincial de Ourense lo declaró culpable de abusos sexuales a una alumna menor de edad “mediante prácticas sádicas”, cuando la víctima tenía entre 12 y 16 años. Los abusos se prolongaron durante los cuatro años que duró la investigación judicial, período en el que ni la Fiscalía ni el tribunal solicitaron medidas cautelares, de modo que el acusado permaneció en libertad hasta la sentencia firme.
Arrestado en La Habana y enviado a Madrid
Las autoridades españolas incluyeron a Ramos Soto en la lista de los diez fugitivos de búsqueda prioritaria de la Sección de Fugitivos de la Policía Nacional, una nómina que incluye narcotraficantes, un asesino y varios agresores sexuales. Su inclusión, según la propia Sección de Fugitivos, respondió a criterios “estratégicos”.
El 31 de octubre de 2025 se emitió una orden de búsqueda internacional y se intensificaron los contactos con las autoridades cubanas, con quienes España no tiene suscrito ningún acuerdo bilateral de extradición.
La colaboración se materializó de todos modos, ya que en noviembre de 2025, las autoridades cubanas arrestaron al exprofesor español en La Habana, en cumplimiento de la solicitud de la Audiencia Provincial de Ourense.
Fuentes próximas al proceso informaron a EFE que el condenado “embarcó en la tarde del miércoles en un avión rumbo a Madrid, tras haber aceptado voluntariamente su traslado a España para cumplir la pena de privación de libertad.”
El jueves aterrizó en Madrid escoltado por agentes de la Policía Nacional, que lo trasladaron a los juzgados de Plaza de Castilla. Por medio de un video publicado en redes sociales, las autoridades confirmaron esta acción, al tiempo que se conoció que el órgano de guardia dictó de inmediato su ingreso en prisión.
El régimen de Cuba albergó al fugitivo
Cuba no es signataria de tratados multilaterales de extradición y su historial como escenario de refugio para delincuentes y disidentes de distintos signos es largo. Que La Habana haya cooperado en este caso, y que Ramos Soto haya “aceptado voluntariamente” su traslado, según las fuentes del proceso, no borra el hecho de que la isla funcionó durante meses como territorio donde un condenado por pederastia pudo moverse con relativa libertad, frecuentar espacios culturales y utilizar las redes sociales sin ser molestado.
La entrega de Ramos Soto se produjo en un contexto de presión máxima sobre el régimen de Díaz-Canel con sanciones estadounidenses, apagones de hasta veinte horas diarias y una crisis económica sin fondo visible. Ante este escenario, La Habana tiene pocos márgenes para ignorar las demandas de sus interlocutores europeos.
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