Cuba, ya sin Fidel, sigue siendo un infierno para muchos, un paraíso para algunos e indiferente para otros. Para gustos.
El escritor cubano Ginés Gorriz regresó a La Habana doce años después de irse, en pleno luto por el Comandante, hallando una ciudad “drenada por el exilio en medio de la corrupción y el abandono”, mezclados “con el ingenio de algún que otro emprendedor”.
Cuenta que el dueño de un restaurante privado, a pie de calle, paga a los camareros un salario mensual de 500 dólares, excluyendo en la selección de personal a los aspirantes que trabajaron alguna vez para el Estado. Un salario que contrasta con los veinte dólares, también al mes, que cobra un profesor. Y 13 un profesor universitario jubilado.
RECOMENDADO: Cuentapropistas de Camagüey bajo hostigamiento por las autoridades locales (+Video)
Son sueldos de empleado público, como los de los inspectores del Estado que, por ejemplo, chantajean a esos restaurantes, amenazándoles de cierre si se les niega la mordida de trescientos euros, su salario de un año.
Se van; vuelven al mes siguiente. ¿Enseñanza? Pueden comprarse asignaturas, evitando a los estudiantes más pudientes asistir a clase, con obtención de nota máxima sin examen. Es lo que hay.
Por Manuel López Castro
Publicado originalmente en El Progreso