¿Cuba se vacía?: los jóvenes y la migración

Cuando se propuso viajar a Quito, muchos lo catalogaron de loco. Sin familia “fuera” ni un negocio que impulsara sus economías y le permitiera acumular lo necesario para los costosos trámites migratorios, Maikel tenía pocas –muy pocas posibilidades– de cumplir su sueño.

Me daba lo mismo Ecuador que cualquier otro lugar, lo mío era irme aunque fuera pa’ Haití. Estando afuera podía ayudar mejor a mi familia, hacerme de un camino”, me confesó a través del chat de Facebook el día en que me “reencontré” con él. Habían pasado varios meses desde la última vez que nos habíamos visto, una noche junto al principal hospital de nuestra ciudad natal; yo regresaba de visitar a unos conocidos, el vendía café y cigarros en un pequeño mostrador improvisado sobre la parrilla de su bicicleta.

Así era como sacaba para el “diario”, me confesó, pues el salario que ganaba en una empresa de construcción no le daba ni para terminar el mes. “Con esto estoy guardando para ver si acabo un apartamentico que empecé arriba de la casa de los viejos. Hace falta independencia, viejo”.

Habíamos estudiado juntos en la universidad. Él se graduó como ingeniero civil y más tarde comenzó a trabajar en una brigada de montaje industrial. No le iba mal, entre el pago y la divisa por estímulo podía llegar a cobrar hasta 1 200 pesos por mes. Además, en perspectiva estaba lo que consiguiera “resolver” en las obras que algún le tocara dirigir.

No le iría mal, tal vez… pero un día Maikel se cansó de esperar, tomó el dinero destinado a su futura casa y se marchó a Ecuador.

Su caso no es único. Desde la flexibilización de las políticas migratorias, en 2012, ha crecido aceleradamente el número de salidas desde Cuba hacia otros países. Una fuente tan autorizada como Carlos Alonso Zaldívar, embajador español en La Habana entre 2004-2009, cifra en cerca de 40 mil los nacionales que cada año se marchan del país, muchos de ellos de forma definitiva.

TABLA: Jóvenes_Tabla (Tomada de www.foreightcuba.com)
TABLA: Jóvenes_Tabla (Tomada de http://www.foreightcuba.com)

La mayoría son jóvenes en plenitud de facultades y con formación superior o en ramas técnicas. De hecho, los contratos profesionales son una de las principales vías de tránsito al exterior para los recién graduados y nuevos especialistas que egresan de las universidades cubanas.

De 2009 a la fecha sectores como la Salud Pública, la Construcción y la Cultura han “sufrido” una marcada disminución de su “capitale humano”, a tal punto, que en muchas instituciones se acelera la capacitación de nuevos especialistas como una alternativa para paliar –al menos temporalmente– los efectos del éxodo.

La extensión del período durante el cual es posible permanecer en el exterior sin perder la residencia permanente (de once meses a dos años) ha sido otro de los elementos a favor de que emigrar sea la opción más viable para muchos cubanos menores de 35 años.

EL PAÍS QUE QUEDA

Para muchas personas la emigración se puede resumir en ‘yo no quiero irme, pero si las circunstancias se mantienen de la manera que están (…) me vería obligado a emigrar’. Es decir, se trata de la emigración no como un acto deseado y voluntario, sino como la búsqueda de una solución ante las incertezas, ante las incertidumbres…”, planteaba la doctora María Isabel Domínguez, durante un debate organizado a principios de la década por la revista de pensamiento Temas.

Varios años después la realidad marcha por derroteros incluso más acentuados. Las carencias económicas, en primer lugar, y los deseos de reunificación familiar y crecimiento personal sobresalen entre los principales motivos aducidos por quienes se marchan.

Para el país, sin embargo, el gran problema está en que la partida de jóvenes –y sobre todo mujeres en plena edad reproductiva– se suma al decrecimiento de la natalidad entre los que se quedan. La Isla afronta los retos actuales y futuros con una tasa neta de crecimiento que ronda el 0,115 % (algo más de 10 mil nuevos habitantes cada año), a todas luces insuficiente para cubrir las necesidades de su funcionamiento institucional y productivo.

Como resultado, se prevé que para 2030 el 30,8 % de la población residente en el país supere los 60 años de edad (en la actualidad ronda el 18 %), una realidad que compromete aun más las perspectivas de su desarrollo y motiva a muchos a tomar el camino del adiós.

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