Cuba vive peor que Haití — y la culpa no es de Washington ¿Por qué? (+Video)

Cuba vive peor que Haití: La verdad que el régimen cubano lleva décadas tratando de enterrar bajo toneladas de propaganda: Cuba, la isla que supuestamente construyó el socialismo más avanzado del hemisferio, vive en condiciones que se asemejan —y en varios aspectos superan— a la miseria de Haití, el país más pobre de América, hay, después de Cuba. No es una exageración. Es un diagnóstico que se sostiene con datos, con imágenes y con el testimonio de millones de cubanos que han decidido huir de su propio país antes que seguir resistiendo lo irresistible.

“Los políticos buscan siempre un enemigo externo para esconder sus fracasos internos.”

— Alexis de Tocqueville, La Democracia en América, 1835

Y lo más revelador no es la comparación en sí misma. Lo más revelador es la razón por la que ambos países comparten ese destino de desolación, porque las causas son, en esencia, las mismas. Con una diferencia brutal: Haití, al menos, no tiene comunismo.

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El mito del embargo como excusa universal ¿Por qué Cuba vive peor que Haití ?

Cuando el régimen cubano explica sus fracasos —los apagones eternos, los estantes vacíos, los hospitales sin medicamentos, las calles sin asfalto— siempre apunta en la misma dirección: el embargo norteamericano. Es la excusa comodín, el argumento que lo justifica todo y que dispensa al poder de cualquier responsabilidad.

Pero Haití no tiene embargo norteamericano. Haití comercia libremente con Estados Unidos y con el resto del mundo. Haití recibe miles de millones de dólares en ayuda internacional cada año. Y aun así, Haití es Haití: pobreza extrema, instituciones desintegradas, violencia, hambre. ¿Por qué? Porque el embargo no es lo que destruye un país. Lo que destruye un país es la corrupción sistémica, la incompetencia instalada en el poder y la represión como método de gobierno. Exactamente lo mismo que lleva décadas destruyendo a Cuba.

Familia en un hogar muy pobre en Cuba, que viven peor que en Haití
Familia en un hogar muy pobre en Cuba, que viven peor que en Haití

Las mismas causas, el mismo resultado

Haití y Cuba comparten un catálogo de males que no nace del exterior sino de adentro. En ambos países, el poder se ejerce para beneficio de una elite reducida que extrae riqueza del Estado mientras la población se hunde. En ambos países, la corrupción no es una anomalía del sistema: es el sistema. En ambos países, quienes cuestionan al poder pagan el precio con la libertad o con la vida.

“El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.”

— Lord Acton, carta al Obispo Mandell Creighton, 1887

Pero Cuba tiene algo que Haití no tiene, y que agrava exponencialmente su situación: el comunismo como marco legal, económico y moral. En Haití, un emprendedor puede abrir un negocio, crecer, contratar empleados, generar riqueza. En Cuba, ese mismo emprendedor es un sospechoso. Es un potencial enemigo de la Revolución. Es alguien a quien el Estado vigila, acosa, multa, confisca y, si hace falta, encarcela.

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El comunismo: el mal que Haití no tiene

Cuba no solo tiene las enfermedades de Haití. Cuba tiene, además, una capa adicional de destrucción institucionalizada: la criminalización de la prosperidad individual. Una ideología que persigue el éxito personal como si fuera un delito.

“El vicio inherente del capitalismo es el reparto desigual de la prosperidad. La virtud inherente del socialismo es el reparto igualitario de la miseria.”

— Winston Churchill, discurso en la Cámara de los Comunes, 1945

El problema del socialismo cubano no es que haya fallado por circunstancias externas. Es que ha tenido éxito en su verdadero objetivo: concentrar el poder en manos de unos pocos, eliminar cualquier competencia económica o política, y crear una población dependiente del Estado que no pueda sobrevivir sin él.

“El problema del socialismo es que eventualmente se te acaba el dinero de los demás.”

— Margaret Thatcher, entrevista televisiva, 1976

Una sociedad que castiga al emprendedor, que desconfía del éxito individual y que convierte la iniciativa privada en un acto subversivo, está condenada a la miseria. No por el bloqueo de afuera, sino por el bloqueo de adentro.

Familia frente a una casa humilde en Cuba
Familia frente a una casa humilde en Cuba

El bloqueo real: el del régimen contra su propio pueblo

Hay un bloqueo real en Cuba. Pero no es el de Washington. Es el que el propio régimen castrista ha impuesto durante décadas sobre sus ciudadanos. Un bloqueo invisible que opera en todos los niveles de la vida cotidiana y que ha sido, históricamente, mucho más devastador que cualquier sanción exterior.

Es el bloqueo que impide al agricultor cubano vender libremente su cosecha. El que le prohíbe al trabajador cubano emplearse donde quiera sin pedir permiso al Estado. El que criminaliza tener dólares, tener una cuenta bancaria funcional, importar mercancías, montar una empresa, crecer.

“La peor forma de pobreza no es la falta de dinero, sino la falta de libertad.”

— Amartya Sen, Development as Freedom, 1999

La iniciativa privada no es solo un mecanismo económico. Es la expresión más concreta de la libertad individual. El régimen cubano entendió esto perfectamente, y por eso la persigue con tanta ferocidad. Un cubano que puede mantenerse a sí mismo sin depender del Estado es un cubano que no necesita al régimen.

“Una sociedad que ponga la igualdad por encima de la libertad no tendrá ninguna de las dos.”

— Milton Friedman, Free to Choose, 1980

Cuba puede ser lo que Haití no ha podido ser

Haití carga con problemas profundos y con una historia trágica de intervenciones, dictaduras y catástrofes naturales. Nadie minimiza eso. Pero Haití, en medio de todo su caos, tiene algo que Cuba no tiene: la posibilidad teórica de cambiar, porque su miseria no está atornillada a una ideología que la perpetúe por decreto.

Cuba tiene recursos naturales, tiene una población muy emprendedora, Miami es la mejor prueba de lo que los cubanos somos capaces de hacer en libertad; tiene ubicación geográfica privilegiada, tiene una diáspora millonaria dispuesta a invertir y a construir. Cuba podría ser, con un sistema político distinto, una de las economías más dinámicas del Caribe. Todo eso está. Y todo eso lleva siendo desperdiciado, deliberadamente, desde 1959.

“Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla.”

— Edmund Burke, siglo XVIII

La pregunta no es si Cuba puede salir de la miseria. La pregunta es cuánto tiempo más el pueblo cubano va a tolerar que quienes lo gobiernan le roben esa posibilidad.

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