La dictadura cubana excarceló a 21 presos políticos que permanecían bajo custodia por las manifestaciones ocurridas en julio de 2021, manteniendo a estas personas en un régimen de control severo que impide su libertad real.
La información fue difundida por la organización Cubalex, la cual precisó que estos movimientos ocurrieron tras el anuncio previo de la tiranía sobre la supuesta liberación de cincuenta y un individuos, aunque el proceso carece de transparencia.
🔴 #Actualización | Tras el anuncio del #MINREX el pasado 12 de marzo sobre la liberación de 51 personas privadas de libertad, Cubalex confirma la excarcelación de al menos 21 personas sancionadas por motivos políticos.
— Cubalex (@CubalexDDHH) March 25, 2026
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Presos políticos de todas las edades
Este hecho tiene como antecedente las protestas masivas del 11J, donde miles de ciudadanos exigieron democracia y el fin de la miseria, recibiendo como respuesta condenas injustas que en varios casos alcanzaron los 22 años de encierro.
Asimismo, la plataforma Justicia 11J reportó que entre los beneficiados figuran personas de diversas edades, incluyendo a un hombre de 65 años, quienes ahora enfrentan medidas cautelares que los obligan a permanecer vigilados por los sicarios del régimen castrista.
“Estas medidas no extinguen las sanciones”, señaló Justicia 11J.

Excarcelaciones fraudulentas
Por ello, el colectivo de monitoreo independiente enfatizó que la salida de los centros de tortura no representa un indulto total para los presos políticos, debido a que el sistema judicial represivo conserva la facultad de retornar a los ciudadanos a las celdas.
A pesar de que el Ministerio de Relaciones Exteriores de la isla alegó una supuesta prioridad para quienes terminaban sus condenas, la realidad muestra que muchos de estos presos políticos aún debían cumplir periodos prolongados de castigo injustificado.
“Los datos verificados contradicen la narrativa oficial. Aunque el MINREX afirmó que serían liberadas personas próximas a cumplir sus condenas, varios excarcelados aún tenían por cumplir una parte significativa de su sanción”, se lee en la publicación.
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En ese sentido, la opacidad domina el procedimiento al no existir una lista pública de presos políticos fuera de las mazmorras, mientras la tiranía evita aclarar si los beneficiados pertenecen al grupo de manifestantes o si se trata de delincuentes comunes utilizados para limpiar su imagen.
¿Y las mujeres?
Debido a esto, existe una profunda preocupación por la ausencia de mujeres en este grupo de excarcelados, lo que sugiere una selección arbitraria por parte de los órganos represivos que manejan los hilos de la justicia en la nación caribeña.
Igualmente, el régimen presenta este movimiento como un gesto diplomático hacia el Vaticano, intentando utilizar la vida de los presos políticos como moneda de cambio en sus negociaciones criminales, mientras mantiene el asedio constante sobre las familias de los afectados.
Cubalex denunció que la falta de datos oficiales verificables genera incertidumbre, toda vez que las autoridades no explican los criterios de selección ni las condiciones legales exactas bajo las cuales se otorgaron estas licencias extrapenales a los ciudadanos.
Actualmente, el monitoreo constante busca documentar cada caso para ofrecer claridad a la opinión pública, dado que los liberados siguen bajo el yugo de una tiranía que restringe sus movimientos y derechos fundamentales de manera permanente y violenta.
Otra maniobra del régimen
La dictadura castrista utiliza estas maniobras para tratar de disminuir la presión externa sin ceder realmente en su estructura de sometimiento, dejando a los presos políticos en un limbo jurídico donde la amenaza de ser encarcelados nuevamente es una herramienta de tortura psicológica.
El panorama para quienes abandonaron las cárceles sigue siendo crítico por la vigilancia de los represores de la Seguridad del Estado, lo que demuestra que la dictadura solo cambió el método de confinamiento sin eliminar la persecución política contra los opositores.
Lamentablemente, en la isla comunista, son muchas vidas que han sido destruidas a lo largo de más de seis décadas por la crueldad de la dictadura, aunque a día intenten desesperadamente lavarse las manos de alguna u otra forma porque saben que su tiempo se agota cada vez más.