La creadora de contenidos cubana Gely la Flaki publicó en las redes sociales un video en el que retrata el infierno cotidiano que vive junto a su familia, entre apagones que superan las veinticuatro horas, un calor que califica de insoportable y la ausencia total de agua corriente.
Con el rostro brillante de sudor, la joven lanza una pregunta cargada de ironía y desesperación: “¿Tú sabes por qué la cara me brilla? Porque ni los aborígenes en sus tiempos pasaron el calor que estamos pasando nosotros en Cuba con los apagones de más de 24 horas”.
Lo que comenzó como una descripción de las condiciones extremas se convirtió en un grito de auxilio: “Dios, sácanos de este infierno”.
La cubana denunció que tampoco tiene agua para asearse, y relata cómo ha tenido que improvisar una pequeña piscina en su vivienda para acumular el líquido destinado a todos los usos domésticos. Para llenarla, pagó seis mil pesos por agua salobre que, según sus palabras, “no sirve ni para tomar”.
La situación se agrava con la dependencia de las pipas particulares, cuyo costo se ha disparado hasta treinta mil pesos por cada carga. La creadora hace el cálculo en moneda dura para que su audiencia comprenda la magnitud del desembolso: “Divídelo entre 660 para que veas a cuántos dólares te sale”. Esta cifra coincide con lo que se documenta en La Habana, donde más de medio millón de personas padecen escasez de agua y el precio de una pipa en el mercado informal oscila entre nueve mil y cincuenta mil pesos, según la zona y el nivel de urgencia.
El pasado 2 de agosto, el Sistema Eléctrico Nacional sufrió su sexto colapso total en lo que va de año, dejando a la isla sumida en la oscuridad durante horas.
Pero además del apagón, el ochenta y siete por ciento del sistema de bombeo de agua depende de la electricidad, por lo que cada corte prolongado arrastra consigo el cese inmediato del suministro hídrico.
Esta conexión letal entre ambas carencias explica por qué, en julio pasado, las autoridades tuvieron que movilizar pipas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias para abastecer a varios municipios habaneros ante la emergencia.
La desesperación de la joven se extiende también al gas doméstico. Según su denuncia, los cilindros de gas, cuando logran aparecer en el mercado, se comercializan a precios siderales: “50 o más de 80 dólares en Cuba Max”, afirma, refiriéndose a las tiendas en moneda libremente convertible. Este encarecimiento de los recursos básicos golpea con dureza a unos salarios que resultan insuficientes para cubrir las necesidades más elementales, y la falta de refrigeración agrava aún más la economía familiar al echar a perder los alimentos que tanto esfuerzo cuesta conseguir.
No es la primera vez que Gely la Flaki utiliza su plataforma para visibilizar el drama cotidiano. En junio pasado, ya se había viralizado otro video suyo tras veintisiete horas sin electricidad ni agua.
En su reciente grabación, la creadora responde con firmeza a quienes minimizan el sufrimiento ajeno: “Entonces después vienen a decir: “No, porque tú quieres quejarte”. Ven y pásate un mes aquí para que veas cómo también te vas a quejar”. Sus palabras resuenan como un eco del agotamiento colectivo que atraviesa la isla, donde los cortes de luz pueden superar las veinte horas diarias en algunas provincias debido a la falta de combustible y al deterioro de la infraestructura eléctrica.
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