Sacerdote cubano Alberto Reyes denuncia el fracaso del marxismo como un sistema que fabrica “seres humanos fallidos”

El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías, reconocido por su postura crítica frente a la cúpula que ostenta el poder en La Habana, utilizó su reciente entrega de la serie reflexiva “He estado pensando…” para desglosar la degradación espiritual y civil que atraviesa la nación caribeña.

En este análisis, el párroco de Esmeralda, en la provincia de Camagüey, sentenció que el sistema imperante ha traicionado la esencia misma del individuo, asegurando que “la doctrina marxista sólo puede conducir a un ser humano fallido”. Con estas palabras, el clérigo identificó la raíz de una crisis que trasciende lo económico para instalarse en la estructura moral del ciudadano.

“Una sociedad es más o menos exitosa en la medida en que promueve o bloquea la humanidad de las personas. Bajo esta perspectiva, la doctrina marxista sólo puede conducir a un ser humano fallido”, escribió.

Desde una perspectiva filosófica y humanista, el presbítero argumentó que la condición de humanidad no es un rasgo puramente biológico que se herede sin esfuerzo. Para el religioso, la capacidad de cuidar, amar y establecer vínculos genuinos con el prójimo requiere un entorno que favorezca su cultivo constante.

No obstante, advirtió que el modelo político impuesto en Cuba funciona como un mecanismo inverso, diseñado para bloquear el desarrollo de estas virtudes. Según Alberto Reyes, el éxito de una sociedad depende directamente de cuánto promueve o asfixia la humanidad de sus integrantes, una premisa bajo la cual el castrismo ha fracasado de manera estrepitosa durante décadas.

El texto profundiza en las tácticas de manipulación que los regímenes totalitarios han perfeccionado para perpetuarse. El padre cubano describió una trampa histórica donde aquellos que profesan el marxismo “buscan el poder hablando de libertad y democracia”, pero, una vez alcanzado el control absoluto, proceden a la instauración de una “esclavitud social” progresiva. Este proceso, que los cubanos han experimentado en carne propia, se sostiene mediante la eliminación sistemática de cualquier vestigio de autonomía política.

En ese sentido, Alberto Reyes señaló que la ausencia de elecciones libres y el hostigamiento a la disidencia son los pilares de este sistema, donde el destino de millones queda en manos de unos pocos: “Son ellos, sólo ellos. Ellos y los suyos”.

Alberto Reyes sobre el adoctrinamiento en Cuba

La estrategia del régimen no se limita solo a la represión física mediante la cárcel o el exilio, sino que penetra en la mente del individuo a través de un control férreo de la información. La eliminación de la libertad de prensa y el monopolio educativo sirven para que la población normalice su propia sumisión.

En su escrito, Alberto Reyes denunció que el adoctrinamiento busca convencer al ciudadano de que sus carencias son siempre responsabilidad de un “enemigo externo”, mientras se le obliga a mirar con benevolencia a sus opresores. Esta desconexión de la realidad es, a juicio del cura, una de las facetas más crueles de la deshumanización marxista.

El deseo para Cuba del sacerdote Alberto Reyes para este 2025
Alberto Reyes Pías / Foto: Infocatólica – Referencial

La fe y la familia, como bastiones de resistencia, tampoco escapan al ataque del aparato estatal. El párroco fue categórico al explicar por qué la religión es un blanco constante de persecución.

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“Destierran a Dios y persiguen la religión, porque la fe es el mejor antídoto contra la opresión mental y el remedio supremo contra el miedo”, precisó.

De igual manera, Alberto Reyes expuso cómo la fragmentación familiar debilita al ser humano, convirtiéndolo en un ente “roto” y, por ende, mucho más sencillo de manipular por las estructuras de control social que buscan individuos aislados y dependientes.

El contraste entre la vida de la élite y la del pueblo llano constituye otro de los puntos neurálgicos de la denuncia. Mientras la cúpula vive en la opulencia, la población cubana enfrenta una lucha diaria y agobiante por la subsistencia.

Esta precariedad no es accidental; según el análisis de Alberto Reyes, mantener a la gente en una cadena continua de necesidades insatisfechas es una herramienta de dominio. El sistema sobrevive gracias a una corrupción que el sacerdote define como una amalgama de miedo y prebendas que destruye la justicia y el entramado militar, corrompiendo a todo aquel que sea necesario para retener el mando.

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