El cubano lucía elegante, pero cuando abrió la boca… ella no se sintió muy contenta que digamos
Un joven cubano protagonizó uno de los momentos más incómodos recientes en First Dates, el popular programa de citas de Cuatro, después de convertir una conversación aparentemente normal en un monólogo sobre feminismo, denuncias falsas y política que terminó descarrilando la cita en cuestión de minutos.
El fragmento, rescatado y comentado en redes por el creador de contenido Achopatry, resume bien lo que ocurrió: una pregunta sencilla —“¿te consideras feminista?”— que deriva rápidamente en un intercambio cada vez más tenso, con el cubano asumiendo una posición firme desde el inicio. Para él, el feminismo “es una mentira” y una forma de manipulación. Para ella, es igualdad. A partir de ahí, la cuesta es toda hacia abajo.
Achopatry, conocido en redes por comentar escenas de First Dates con humor seco y ritmo rápido, va narrando la escena casi como quien ve venir un choque en cámara lenta: “pide la cuenta, corre” o “han tenido su primera cita y su última cita el mismo día”, suelta mientras el cubano va encadenando argumentos cada vez más reconocibles dentro del discurso antifeminista actual.
El punto de quiebre llega cuando él introduce uno de los ejemplos más repetidos en este tipo de debates: el miedo a las denuncias falsas. “Tú un día te cabreas conmigo, llamas a la policía y aunque yo no te he tocado un pelo, yo me meto tres días en la cárcel”, plantea. La escena cambia ahí de tono. Ya no es solo una opinión: es un marco completo de desconfianza hacia el sistema.
Ella responde con un dato que también se ha vuelto habitual en estas discusiones: el porcentaje de denuncias falsas es mínimo. Y ahí, sin levantar la voz ni dramatizar, deja en evidencia el choque entre percepción y realidad que atraviesa este tema.
Y… tiene razón ella. Los datos existen y son bastante claros. En España, la Fiscalía General del Estado ha sostenido durante años que las denuncias falsas por violencia de género representan un porcentaje ínfimo del total, en torno al 0,008% de los casos analizados. Es decir, no solo no son un fenómeno masivo, sino que estadísticamente son marginales. Aun así, la idea de que son frecuentes sigue muy instalada en parte del debate público, sobre todo en redes sociales y entre determinados perfiles jóvenes. Y en hombres como este joven cubano.
Ese desfase es precisamente lo que convirtió la escena en algo más que un momento incómodo de televisión. Lo que se ve en esa mesa no es solo un cubano opinando mal en una cita; es un choque entre dos formas de entender la realidad. Por un lado, una visión apoyada en datos y marcos legales. Por otro, una narrativa construida a partir de miedo, intuición o discursos circulantes. Y del heteropatriarcado.
En medio de todo eso aparece otro elemento clave: el mansplaining. Aunque no se menciona explícitamente en el programa, el comportamiento del joven cubano encaja bastante bien con ese concepto, que describe la tendencia de algunos hombres a explicar a una mujer temas que ella ya conoce, o incluso mejor que ellos, desde una posición de superioridad. Aquí ocurre de forma bastante evidente: ella define el feminismo como igualdad, él insiste en corregirla, en redefinir el término y en llevar la conversación a su terreno.
El resultado es una conversación completamente descompensada, donde uno explica y el otro intenta responder. Y ahí es donde la cita, según Achopatry, se jodió pal carajo.
Achopatry lo remata desde el humor, pero sin necesidad de exagerar nada. “Otra pareja que no ha cuajado”, dice. Y en realidad, no hace falta más.
En los últimos años, el feminismo se ha convertido en uno de los temas más polarizados entre los jóvenes en España. Distintos estudios y encuestas han mostrado que, mientras el apoyo a la igualdad de género sigue siendo mayoritario, crece al mismo tiempo el rechazo al término “feminismo”, especialmente entre hombres jóvenes, que en algunos casos lo asocian con privilegios o con un sistema que consideran injusto para ellos y donde “lo extremo” lo han convertido en “feminazi”.
No pocas chicas prefieren, en una primera cita, ir “tanteando el terreno”, y conocer quién tienen delante, qué piensan de las mujeres, sus derechos etc., y así se evitan un posterior desencanto. Porque una cosa es “el empaque”, como el cubano este; y otra cosa muy distinta es “el contenido”.
A algunas les va bien, a otras no tanto, y hay quien hasta se encuentra con un verdadero Cromañón.