Tres años y 11 países , eso fue lo que le costó a Joel Fernández, un cubano que tras varios intentos fallidos en balsa para llegar al Sur de la Florida, decidió emprender el largo recorrido a Estados Unidos (EEUU), logrando afortunadamente recibir el asilo político. La historia de este migrante fue dada a conocer por Telemundo 51, detallando una vez más como la miseria comunista impulsa a las personas a buscar una mejor vida, sin importar el tiempo o las consecuencias.
Fernández afirma que a él le tocó ver “morir a varias personas” e incluso le tocó correr y escalar trenes, entre tantas otras cosas. Una vez en México, le tocó vivir dos años junto a otras 700 personas en un campamento para migrantes en Tamaulipas, mientras esperaba su respuesta por asilo político.

Recuerda que tanto sufrimiento, llevó a todos los migrantes de ese campamento a conformar una especia de enorme familia. “Ver a un niño nacer dentro de una carpa, ver a una persona morir dentro de una carpa. Todo ese sufrimiento nos fue hermanando”.
Joel es uno de los beneficiados por la administración de Joe Biden luego de que eliminara la política “Remaing in México” y le permitieran ingresar a Estado Unidos para iniciar su proceso de asilo político. Una vez liberado, viajó hasta la Florida donde sus familiares lo esperaban.
“Por primera vez desde mi nacimiento, he llegado a un país dónde se vive en democracia y libertad”.
“La bestia”
Su desespero por salir de Cuba inició en 2006, cuando realizó varios intentos por llegar en balsa al Sur de la Florida, pero siempre fue interceptado por la Guardia Costera de Estados Unidos. “Nunca tuve los pies secos”, haciendo referencia a la política “pies secos/pies mojados” que permitía a los cubanos quedarse en EEUU si lograban tocar tierra.

Tras varias repatriaciones, fue declarado por el régimen de Cuba como “persona no confiable” por lo que perdió varios de sus beneficios, como el derecho al trabajo.
Tras esta decisión, decidió entonces llegar a Estados Unidos por la vía de Centroamérica. Viajó de La Habana a Guyana y en vez de ingresar por Venezuela, prefirió adentrarse en la selva amazónica para llegar a Perú y desde allí subir por Centroamérica hasta México.

Recuerda que tuvo que montar un tren llamado “La Bestia”, en dónde presenció la trágica muerte de una joven migrante. Ya en Florida, este cubano ahora espera su permiso de trabajo para poder iniciar su nueva vida y anhela poder reunirse con su esposa e hijos.
Redacción Cubanos por el Mundo