Desde que Miguel Díaz-Canel tomó las riendas de la dictadura cubana en abril de 2018, una serie de infortunios y eventos desafortunados ha sacudido a la isla, generando una percepción en parte de la población de que su liderazgo está marcado por la mala fortuna o lo que en la religión yoruba se conoce como un “Osogbo de pin…”, un destino adverso.
El primer golpe de la “mala suerte” llegó en mayo de 2018, apenas un mes después de que Díaz-Canel asumiera la presidencia. Un avión de Cubana de Aviación se estrelló tras despegar del Aeropuerto Internacional José Martí, causando la muerte de 112 personas y dejando a la nación conmocionada.
En 2019, un tornado devastador azotó varios municipios de La Habana el 27 de enero. Con ráfagas de viento que superaron los 300 km/h, el fenómeno dejó un saldo de al menos seis muertos, más de 190 heridos y considerables daños materiales. La destrucción resultante dejó una huella imborrable en la capital y aumentó la sensación de que tiempos difíciles se cernían sobre el país.
El 6 de mayo de 2022, la tragedia golpeó nuevamente con la explosión del Hotel Saratoga en La Habana.
Lo que pareció ser una fuga de gas desató una explosión que acabó con la vida de al menos 22 personas y dejó a más de 60 heridas. Este evento trajo consigo no solo dolor, sino también críticas sobre la seguridad y la gestión de riesgos en la isla.
En agosto de 2022, un rayo impactó en la base de supertanqueros de Matanzas, provocando un incendio colosal que se propagó a otros tanques de combustible. Las llamas y el humo se extendieron durante varios días, resultando en víctimas mortales, daños ambientales significativos y una crisis de suministro que dejó al país tambaleándose.
La situación energética se tornó aún más crítica en 2024. El 18 de octubre de ese año, un fallo en la central termoeléctrica Antonio Guiteras llevó a un apagón masivo que desconectó todo el Sistema Electroenergético Nacional. Millones de cubanos se encontraron a oscuras, un recordatorio contundente de las vulnerabilidades del sistema eléctrico de la isla.
Para colmo de males, en octubre de 2024, el huracán Oscar golpeó la región oriental de Cuba, dejando al menos seis muertos y causando severas inundaciones y daños estructurales. La respuesta oficial a la catástrofe fue objeto de duras críticas, amplificando el malestar popular.

Apenas un mes después, en noviembre de 2024, el huracán Rafael impactó la isla como un ciclón de categoría 3, provocando evacuaciones masivas y cortes de energía en varias provincias. Este fenómeno meteorológico agravó la ya precaria situación de la infraestructura nacional y dejó a miles de cubanos sin hogar.

Como si no fuera suficiente, el 10 de noviembre de 2024, un potente terremoto de magnitud 6,8 sacudió el sureste de Cuba, afectando principalmente a las provincias de Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas y Guantánamo. Este sismo dejó un saldo de víctimas mortales y numerosos heridos, además de causar daños significativos en edificaciones y vías de comunicación.
La sucesión de estos desafortunados eventos ha llevado a muchos cubanos a especular que el mandato del puesto a dedo Díaz-Canel está marcada por un destino adverso.
Expresiones como “Díaz-Canel tiene un Osogbo de pin…” se han vuelto comunes en la calle, reflejando una mezcla de creencias populares y frustración ante una serie de crisis que parecen no tener fin.
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Redacción Cubanos por el Mundo