Cultura económica en la economía de la cultura

yadira-escobar-art1Tomado de Cuba Contemporánea (Síntesis)

La Dra. En Ciencias Económicas Tania García Lorenzo habla sobre la relación entre la economía y la cultura en la Cuba que se está creando, esta es una síntesis de una larguísima entrevista aparecida en Cuba Contemporánea:

Cuando el término “economía de la cultura” aparece asociado al de rentabilidad, están circunscribiéndolo a lo que puede y debe hacerse cuando se “gesta economía”. Pero no se refiere solamente a eso. Sin relaciones económicas no hay procesos culturales, porque estos necesitan un sustento económico. Lo que ocurre en el acto creativo puede convertirse en un producto cultural cuando la obra pasa por un proceso de producción, distribución y llega al consumo. En ese trayecto, desde el momento de la creación, existe economía, pues el escritor, el pintor, los artesanos… necesitan insumos, y todos esos materiales hay que producirlos o adquirirlos.

Por eso es que toda política cultural necesita y demanda una política económica de la cultura, que identifique de forma clara y precisa cuáles y cómo son esas relaciones, quién y en qué condiciones ejerce la propiedad sobre lo producido, y cómo y en qué condiciones se realiza el trabajo. Ahí están presentes las diversas relaciones económicas que deben y tienen que coexistir en este mundo complejo y diverso de la cultura.

La producción cultural en Cuba ha demostrado que tiene potencialidad suficiente para generar ingresos al PIB, exportaciones, aportes al presupuesto y posibilidades de empleo; en algunas ocasiones, tanto o más que otros sectores. Pero la producción cultural tiene particularidades que la distinguen de los restantes sectores de la economía. Hablamos de obras del espíritu. Todo el proceso económico, comercial y financiero que permite convertir esa creación en un producto que llega al receptor de ese mensaje cultural debiera estar supeditado a esa condición. Subordinar la creación a la obtención de ganancias inhibe su destino fundamental. Además, construir una demanda para lo que no constituye un mensaje verdaderamente cultural es una manipulación del arte y del hecho creativo.

El diseño de política económica para la cultura necesita, asimismo, ser específico para cada manifestación artística. Cada una tiene requerimientos diferentes, porque es diferente la naturaleza creativa que las genera. Ninguna expresión cultural puede ser regida desde un plan esquemático y directriz. Por el contrario, el plan económico que respalde los procesos culturales debe ser flexible e inductivo, lo cual no está reñido con la necesaria rigurosidad en la administración de los recursos.

Programar el balance intersectorial de la propia cultura resulta fundamental. Por ejemplo, en la economía del patrimonio es esencial reconocer el valor económico de las obras de arte que se atesoran, precisamente para asegurar su verdadera protección.

Lo que representa una función social y se cataloga como bien público que debe llegar a toda la sociedad constituye responsabilidad del Estado. El punto de partida de lo que se financie con cargo al erario público es, precisamente, el papel que esas actividades están llamadas a jugar dentro de la sociedad. Esas no son gratuidades indebidas.

Como parte de esa función social, es preciso considerar aquellas expresiones artísticas y procesos socioculturales que no estén en capacidad de cubrir sus costos ni ser sometidos a los riesgos de la demanda. Para cumplir su misión necesitan recibir recursos desde el presupuesto estatal, pero también pudieran ser complementados desde otras fuentes. En todos los casos, dichas asignaciones debieran ser recibidas de forma rigurosa y con responsabilidad legal por parte de las personas encargadas de su ejecución, pues se trata de los recursos del país.

Resulta esencial transformar el análisis de la ejecución del presupuesto en un instrumento efectivo de fiscalización social. Para ello es necesario socializar la información a través de un sistema de información e indicadores culturales que permitan realizar el diagnóstico y formalizar los escenarios en análisis competentes.
La definición de si una institución debe ser unidad presupuestada o empresa no puede estar determinada por “aliviar la carga al presupuesto del Estado”, sino por la naturaleza de su gestión y la lógica económica que debe regirla. Es un tema importante, porque la lógica económica de una empresa no es la misma que la de una unidad presupuestada.

Ahora bien, para ser fiel a su función social verdadera, nuestras empresas culturales tendrían otros requerimientos. Han de transitar en pro del desarrollo cultural legítimo y promover lo mejor de la creación artística. Por lo tanto, su función no es solo obtener ganancias a cualquier costo, sino participar en la promoción de lo mejor del arte nacional. El mercado no determina jerarquías, sino identifica corrientes y tendencias comerciales que son aprovechadas, y a veces construidas, desde los propios capitales mediáticos.

Resulta insoslayable la necesidad de que la política cultural sea cada día más inductiva. La resistencia a los cambios es inútil cuando las innovaciones son demandadas por la sociedad y predomina la convicción de lograrlas preservando el sistema social que ha transformado a la nación cubana. El resultado de la gran obra cultural de las últimas décadas es, precisamente, que ya no somos la misma sociedad de 1959. Nuestros sueños y demandas no pueden ser los mismos.

El sistema empresarial e institucional estatal está retado, y tiene que demostrar eficacia en el cumplimiento de su misión y eficiencia en sus resultados. Hoy se impone pensar en términos de innovación. La existencia de varias formas de propiedad, teniendo el mercado interno como objetivo, pone en permanente juicio la eficiencia y eficacia de los actores económicos participantes. Ahora habrá que acostumbrarse a competir. La satanización del mercado consagró estructuras, directrices y prácticas. Eso dañó el funcionamiento empresarial, y  en muchos lugares aquella frase de que “la calidad es el respeto al pueblo” quedó sepultada en la indolencia y la abulia.

El reconocimiento o no de nuevas formas de creación artística y literaria fuera de los cánones institucionales no paraliza su existencia. El sector no estatal en la cultura es una realidad que ha cambiado el mapa productor. Establecer mecanismos eficaces de promoción orientados a las líneas de la política cultural del país y un sistema de relaciones jurídicamente validado dependerá de las acciones que se propongan las instituciones. Pero si después de asumir su inevitabilidad se establecen formas de gestión y producción propias del ámbito estatal, no auguro buenos resultados, porque son formas de propiedad diferentes que demandan sistemas de relaciones económicas diferentes.

Con lentitud, la inevitable desestatización de la producción nacional ya involucra cerca del 30% de la fuerza laboral, según estadísticas oficiales, y ello está presente también en la cartografía de los actores fundamentales de la cultura cubana.

Leave a Reply

Discover more from Últimas noticias de Cuba y de los Cubanos por el Mundo

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading