Delincuencia deja sin nada a una madre y su hijo en Matanzas

En Colón, uno de los municipios más golpeados por la violencia en la provincia de Matanzas, una familia quedó en la ruina la madrugada del 7 de abril después de que ladrones vaciaron su vivienda mientras una madre dormía junto a su hijo menor.

Pero lo que vino después del robo resultó tan indignante como el robo mismo: días de silencio absoluto de la Policía Nacional Revolucionaria, a pesar de que la denuncia ya reposaba en sus manos.

Carlos Alberto Sosa Fuentes, padre del niño, llevó el caso a las redes sociales con un testimonio que no dejaba margen para la frialdad: “No se trata solo de bienes materiales, es el resultado de años de sacrificio, de esfuerzo constante, de privaciones asumidas con la esperanza de construir un hogar digno. Todo eso fue vulnerado en cuestión de horas”.

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Denuncia en Facebook

El régimen tiene policías para reprimir, no para proteger familias en Matanzas

La inacción de los represores del régimen frente a este robo no sorprende a nadie que conozca cómo funciona la estructura de seguridad que el castrismo ha construido en Cuba, cuyo único propósito real es proteger a los cabecillas del régimen, no al ciudadano de quien le roba en la madrugada.

Durante los últimos años, el 20% de los efectivos de la Policía Nacional Revolucionaria abandonó el cuerpo, un éxodo que ha dejado comunidades enteras sin cobertura efectiva, mientras la dictadura sigue desplegando agentes para vigilar activistas, disolver protestas y custodiar edificios del PCC en Matanzas y todo el país.

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Foto: Facebook

Una familia en Colón puede esperar días enteros con la denuncia presentada y la puerta reventada sin que nadie aparezca, pero si un ciudadano graba a un agente en la calle o escribe una crítica en Facebook, los esbirros llegan esa misma tarde.

Colón, un municipio al que la dictadura abandonó a su suerte

El municipio de Colón acumula una historia reciente de violencia que ningún parte oficial del régimen ha podido disimular completamente, y que dibuja el retrato de un territorio donde la ausencia del Estado se mide en delitos que se multiplican sin freno.

En marzo, siete hombres encapuchados y a caballo irrumpieron en una cooperativa agropecuaria de San José de los Ramos, en ese mismo municipio, dispararon al aire para paralizar a los trabajadores y se marcharon con nueve reses que luego sacrificaron en un cañaveral cercano, como si la autoridad en esa zona fuera una ficción que nadie se molesta en sostener.

Meses antes, en noviembre de 2025, otro ciudadano de 64 años recibió un disparo de rifle cerca del estadio de béisbol local, víctima de una emboscada perpetrada por un agresor que portaba el arma de forma ilegal y que el régimen procesó con sus comunicados de siempre, sin que nada cambiara para los vecinos de Colón.

Matanzas lidera el mapa del crimen que el castrismo fabricó

La provincia de Matanzas encabezó en 2025 el listado de territorios con mayor incidencia delictiva de toda Cuba, con 503 casos verificados por observatorios independientes, una cifra que los propios analistas advierten representa apenas una fracción de lo realmente ocurrido, porque el miedo y la desconfianza frenan la mayoría de las denuncias antes de que lleguen a ningún registro.

A lo largo de ese año se contabilizaron en toda la isla más de 2.800 delitos verificados, con los robos encabezando las estadísticas nacionales, y los expertos que estudian la crisis de seguridad cubana señalan que detrás de cada número hay una decisión política de la dictadura: mantener a sus cuerpos represivos enfocados en el control político mientras la delincuencia común avanza sin obstáculos reales en Matanzas y en el resto del país.

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Los cubanos ya saben que denunciar no cambia nada

La publicación de Sosa Fuentes desató una cadena de respuestas que revelan algo más pesado que la rabia ante un robo impune: la resignación de una población que ha llegado al punto de considerar normal que el régimen no responda, que interpreta el silencio institucional no como una falla sino como una confirmación de lo que ya se sabe.

“La inseguridad no es solo un problema de cifras, es algo que se vive día a día. Y cuando la respuesta no llega, lo que queda es la sensación de que estamos retrocediendo”, escribió el denunciante, y esa frase resume con precisión brutal lo que el castrismo ha fabricado en Matanzas después de décadas de colapso económico, falta de inversión en servicios públicos y un aparato policial diseñado exclusivamente para defender al régimen de los cubanos, nunca a los cubanos del crimen.

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