Decir que Cuba es mejor que Miami: el disparate que expone a Gustavo Petro (+VIDEO)

Las recientes declaraciones del narcoguerrillero Gustavo Petro, en las que aseguró que “es mucho mejor vivir en Cuba que en Miami”, desataron una ola de críticas dentro y fuera de Colombia, al ser considerada una afirmación profundamente desconectada de la realidad social, política y económica de la isla.

La frase, expresada durante una intervención pública, retrata a un mandatario completamente alejado de la realidad cubana y de los estándares mínimos de honestidad política.

Cuba es hoy un país sumido en el colapso: apagones de más de 12 horas diarias, escasez extrema de alimentos, hospitales sin insumos, falta de agua potable, ausencia de gas doméstico y un sistema represivo que castiga con cárcel cualquier crítica. No hay libertad de prensa, no hay elecciones libres y no hay derechos civiles. Esa es la Cuba real, no la versión romántica que Petro intenta vender desde un micrófono.

Miami, en cambio, es una de las ciudades con mayor desarrollo económico del hemisferio occidental, con altos estándares de infraestructura y representa todo lo que el régimen cubano niega: prosperidad, libertades individuales, movilidad social y oportunidades. Es, además, el destino elegido por cientos de miles de cubanos que huyeron —y siguen huyendo— del sistema que Petro elogia.

No es casual que cientos de miles de cubanos hayan arriesgado sus vidas, algunos lanzándose al mar en una balsa, para abandonar la isla y establecerse precisamente en el sur de Florida, huyendo de la miseria y la represión que Petro parece minimizar.

Ante este escenario, la declaración del comunista colombiano no puede interpretarse como un simple error retórico. Es una provocación ideológica que banaliza el sufrimiento de un pueblo sometido y desprecia a la diáspora cubana que ha denunciado durante décadas los abusos del castrismo.

Petro no habla desde la ignorancia: habla desde la conveniencia política y la simpatía con regímenes autoritarios. Resulta alarmante que un jefe de Estado compare una ciudad democrática, plural y desarrollada con una dictadura empobrecida y represiva, y lo haga sin vergüenza alguna.

El comentario deja serias dudas sobre el criterio con el que Petro evalúa la realidad regional y sobre su capacidad para distinguir entre propaganda ideológica y hechos verificables.

Más que una opinión, lo dicho por Petro es una burla a los cubanos que hacen filas interminables para conseguir comida, a los presos políticos que permanecen en cárceles del régimen y a quienes han perdido la vida intentando huir. Defender lo indefendible no es rebeldía política: es cinismo en estado puro.

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Redacción Cubanos por el Mundo

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