
Con un año de edad Junior González cerró sus ojitos para no volverlos a abrir. Su acta de defunción explica que padecía de una bronconeumonía bilateral, con desnutrición severa y deshidratación aguda.
“El médico me dijo que él era un niño sano, que lo mató el hambre”
Su madre Julia Rodríguez, de 38 años, y sus cuatro hermanos en el barrio Mario Urdaneta, residen en el kilómetro 20 de la vía a la Concepción, del estado Zulia, una región petrolera de Venezuela.
Según reseña La Verdad, la mujer fue abandonada por su marido cuando la cesárea por la que nació Júnior se complicó. Ella aún llora desconsolada la muerte de su bebé.
“Mi hijo tenía un año y murió de hambre porque no tenía nada que darle. Yo le pedía a la gente para los alimentos”.
Desde su nacimiento el pequeño presentó hipoxia cerebral, sin embargo la falta de una adecuada alimentación complicó su estado a los nueve meses de nacido.
“Los médicos me dijeron que tenía que alimentarlo bien porque él no agarró la teta, no tenía fuerza para chupar”. Julia trabajó como empleada doméstica y con eso mantuvo sus hijos, pero “los cobres no me alcanzaban”.
El hambre alrededor del mundo afecta a más de 700 millones de personas. En Venezuela, más de 60% de la población come sólo dos veces al día.
Según el Programa Mundial de Alimentos, 66 millones de infantes en edad escolar, asisten a clases con el estómago vacío. En Venezuela, ha proliferado la búsqueda de comida en los basureros.
Las consecuencias son lamentables. Se estima, que en los países más pobres, dos de cada tres niños sufren retrasos en el desarrollo por malnutrición.
Con información de La Verdad