El régimen chavista ejecutó una de sus maniobras más significativas en el aparato militar al destituir a Vladimir Padrino López como ministro de la Defensa, poniendo fin a más de una década de control absoluto sobre las Fuerzas Armadas venezolanas.
La salida de Padrino López, quien ocupaba el cargo desde 2014, marca un quiebre dentro de la estructura de poder del chavismo, donde durante años fue considerado uno de los pilares fundamentales para sostener al régimen en medio de la crisis política, económica y social del país.
La decisión fue ejecutada por la cúpula del poder en Caracas, encabezada por Delcy Rodríguez, en medio de un escenario de alta tensión interna y reacomodo de fuerzas dentro del oficialismo tras el colapso del liderazgo central después de la extracción del exdictador Nicolás Maduro el pasado 3 de enero tras una operación militar de Estados Unidos.
En sustitución, el régimen designó a Gustavo González López, figura estrechamente vinculada a los organismos de inteligencia y señalada por su rol en el aparato de control y represión política, además de ser una de las piezas del régimen sancionadas por EE.UU., lo que refuerza la línea dura del chavismo en un momento de debilidad estructural.
La destitución de Padrino López no solo representa la caída de uno de los hombres más poderosos del país, sino también una señal clara de fracturas internas dentro del alto mando militar, históricamente clave para la supervivencia del régimen.
Durante años, Padrino fue el rostro visible de la militarización del Estado venezolano y un actor determinante en la contención de crisis políticas, protestas sociales y tensiones institucionales, consolidando un modelo en el que las Fuerzas Armadas actuaron como sostén directo del poder chavista, impulsando la represión contra el pueblo.
Su salida ocurre en un contexto marcado por presiones internas, desconfianza en la cúpula militar y la necesidad del régimen de reconfigurar sus alianzas de poder para mantenerse a flote en medio de un escenario adverso.
Este movimiento confirma que el chavismo atraviesa una fase de reordenamiento forzado, en la que incluso figuras consideradas intocables pueden ser desplazadas si el equilibrio de poder así lo exige en medio de las presiones sobre Caracas por parte de la administración de Donald Trump.
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Redacción Cubanos por el Mundo