Si usted vive fuera de Cuba y alguna vez intentó enviarle dinero a un familiar en la isla, sabe lo complicado que puede ser el desastre el sistema bancario del régimen castrista, comisiones elevadas, intermediarios de dudosa confianza.
En ese mercado gris, donde la necesidad de miles de familias cubanas se convierte en oportunidad de negocio, opera Emilio Pevida Sánchez: diplomático del régimen castrista, oficial de inteligencia según investigadores especializados, e hijo de un embajador que también es teniente coronel de los aparatos de seguridad del Estado.
Martí Noticias destapó el esquema. Nosotros lo ponemos en contexto para que usted entienda quiénes son, cómo funciona el negocio y por qué esto importa a la comunidad cubana en el exterior.
¿Quiénes son los Pevida?
El apellido Pevida es conocido en ciertos círculos de la nomenclatura cubana. El patriarca, Emilio Pevida Pupo, es teniente coronel de la inteligencia castrista y actualmente se desempeña como embajador de Cuba en Mongolia. Su carrera diplomática, construida en gran parte en países de la antigua órbita soviética, refleja su formación: estudió en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú durante la era soviética, lo que le abrió puertas dentro del aparato exterior del régimen.
Su hijo, Emilio Pevida Sánchez, siguió una trayectoria similar. Fue diplomático en la embajada de Cuba en Damasco, Siria, hasta que la caída del régimen de Bachar al-Assad —uno de los aliados del gobierno cubano en Oriente Medio— lo obligó a trasladarse a Beirut. Desde allí, según relatos de conocidos, comentó: “La verdad que hemos pasado un infierno, pero seguimos en combate y guapeando”. La frase, con su mezcla de retórica castrista y fanfarronería, revela el perfil del personaje.
Pero Pevida Sánchez no es solo un diplomático de carrera. El investigador Luis Domínguez, de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, lo describe como “un oficial de la Dirección de Inteligencia del Ministerio del Interior, altamente entrenado y preparado por la Seguridad del Estado para cualquier tipo de misión”.
El negocio: remesas con instrucciones sospechosas
Todo empezó con un mensaje de WhatsApp. Una promoción que circuló en grupos privados del entorno cercano de la familia Pevida prometía: “Remesas activas desde EEUU y Europa para Cuba”. El número desde el que se enviaba estaba registrado, según las bases de datos de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA), a nombre del propio teniente coronel Emilio Pevida Pupo.
Cuando Martí Noticias contactó al número para solicitar el envío de dinero, fue Emilio Pevida Sánchez —el hijo— quien atendió y proporcionó las instrucciones. Y ahí es donde el esquema se pone interesante.
“No incluir ningún tipo de descripción en las transferencias. Enviar una fotografía con el nombre de la cuenta de Zelle. Nunca usar la palabra ‘Cuba’ ni ninguna referencia a transferencias financieras.”
Esas son, en síntesis, las instrucciones que Pevida Sánchez enviaba a quienes usaban el servicio. También advertía que no debían llamar ni escribir al número de contacto, y que si se incumplían las normas, los organizadores no se hacían responsables de la operación.
La explicación técnica es sencilla: los bancos estadounidenses suelen bloquear o retrasar transferencias que contienen la palabra “Cuba” debido a las regulaciones del embargo comercial de Estados Unidos. Al evitar cualquier mención al destino del dinero, el esquema busca pasar desapercibido ante los filtros automáticos de las entidades financieras.
El socio en Indiana
Para completar el circuito, Pevida Sánchez facilitaba a sus clientes un número telefónico en Estados Unidos registrado a nombre de Reinier Gómez Hernández, quien aparece como el receptor de las transferencias. Según fuentes consultadas por Martí Noticias, Gómez Hernández reside actualmente en el estado de Indiana.
El detalle es revelador: de acuerdo con información verificada, Gómez Hernández ingresó a Estados Unidos en 2024 cruzando la frontera, solicitó refugio y actualmente estaría tramitando la residencia permanente al amparo de la Ley de Ajuste Cubano —la misma legislación que ha permitido a cientos de miles de cubanos legalizar su situación migratoria en el país.
Es decir, un solicitante de asilo cubano que se beneficia de las leyes de protección al migrante estadounidense aparece, al mismo tiempo, como pieza clave de un negocio gestionado desde Cuba por un oficial de inteligencia del régimen que persigue a quienes huyen de él. Martí Noticias intentó contactar a Gómez Hernández, pero no obtuvo respuesta.
Redes sociales cerradas y silencio oficial
Antes de ser contactado por Martí Noticias, las redes sociales de Emilio Pevida Sánchez mostraban una intensa actividad: propaganda política a favor del régimen cubano y también interacciones con emprendimientos del llamado sector privado en La Habana, varios de ellos vinculados al creciente negocio de remesas y servicios financieros informales en la isla.
Tras ser contactado por el medio, Pevida Sánchez restringió todas sus cuentas. Ni él ni Reinier Gómez Hernández respondieron a las solicitudes de comentario.
¿Por qué esto importa?
Las remesas son el salvavidas económico de millones de familias cubanas. Se estima que cada año ingresan a la isla miles de millones de dólares enviados desde la diáspora, principalmente desde Estados Unidos. Para muchos cubanos en el exterior, encontrar canales confiables y baratos para enviar ese dinero es una prioridad constante.
En ese contexto, que oficiales del aparato de inteligencia cubano —o sus familiares directos— controlen parte de ese flujo económico no es un asunto menor. Significa que el régimen, o personas ligadas a él, pueden lucrar directamente con el dinero de la diáspora mientras evaden regulaciones financieras internacionales. Y significa también que quienes usan esos canales podrían, sin saberlo, estar financiando a las mismas estructuras que reprimen a sus familias en Cuba.
El caso Pevida es, en ese sentido, un reflejo de algo más amplio: la forma en que el régimen cubano ha aprendido a moverse en los márgenes de la economía informal para captar divisas, usando a sus propios cuadros y sus redes de contactos para operar en los espacios que las sanciones dejan abiertos.
Que oficiales de inteligencia del régimen —o sus familiares— controlen parte del flujo de remesas no es un asunto menor: significa que el dinero de la diáspora puede estar engrosando las mismas estructuras que reprimen a sus familias en Cuba.