“El que Madriga, Dios lo ayuda”, parece decirnos ahora desde México, nuestra querida Magaly Sánchez Malleuve, dos años después de que diez integrantes del coro se le distorsionaran en territorio azteca.
En un episodio que podría ser confundido con una secuela tardía de una telenovela de suspenso y drama, la directora del Coro Madrigalista de Santiago de Cuba, Magaly Sánchez Malleuve, ha decidido “distorsionarse” en México, siguiendo la estela dejada por casi la mitad de su coro hace dos años, cuando en un acto que algunos podrían haber llamado de “distorsión colectiva”, diez de los venticuatro miembros del coro dejaron a Cuba sin algunas de sus voces más armoniosas.
La “distorsión”, término de moda en Cuba para referirse a cualquier cosa menos a la realidad económica y social del país, parece haberse convertido en una tendencia entre los miembros del Coro Madrigalista de Santiago de Cuba, incluida su directora.
Mientras que en abril de 2022, casi la mitad del coro encontró en México un escenario más atractivo para su permanencia que el propio escenario cubano, Magaly ahora ha decidido no solo unirse al coro de los “distorsionados”, sino también hasta abrirse una nueva cuenta en Facebook, donde ha puesto que vive en Monterrey, Nuevo León, “cerquitica” de la frontera con EE.UU., quizás, no esperando una ovación de pie por su reciente actuación fuera de Cuba, sino “un hueco” para colarse por debajo del muro fronterizo y poner sus pies en los Estados Unidos.

Welcome, my lady
Esta “distorsión” protagonizada por Magaly no es reciente. Ella decidió quedarse a finales de noviembre de 2023, justo cuando el portal Magazine AM/PM le dedicaba unas hermosas palabras al coro.
El acto no solo subraya la ironía de buscar un futuro más afinado fuera de las fronteras cubanas sino que también pone de relieve la creatividad de los cubanos para encontrar nuevos escenarios y públicos. Mientras tanto, en Cuba, el término “distorsión” sigue resonando, quizás ahora con una nota más aguda, recordando a aquellos que deciden cambiar su partitura por una con más libertades y menos restricciones.
Así, mientras el régimen cubano sigue utilizando la “distorsión” para describir cambios económicos y sociales, sus ciudadanos, incluidos los artistas, parecen haber adoptado el término para narrar su propia búsqueda de un escenario donde puedan expresarse libremente, sin temor a ser desafinados por la censura.
La saga de la “distorsión” del Coro Madrigalista, con su más reciente capítulo en Monterrey, es un recordatorio melodioso de que, a veces, la música más hermosa se toca lejos de casa.
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