La crisis energética que atraviesa Cuba deja al descubierto la dura realidad que enfrentan miles de familias en la isla. En el municipio Cerro, en La Habana, una madre cubana diabética compartió su desgarrador testimonio tras más de siete días de vivir en condiciones extremas debido a los constantes apagones.
Odalis Acosta Calderón, residente del bloque 1 en la calle Vigía, acudió a las redes sociales para exponer su situación. A través de un mensaje dirigido a la Empresa Eléctrica de La Habana, describió cómo ella y su hija se han visto obligadas a improvisar un campamento en la azotea de su vivienda para poder conciliar el sueño.
“Esa foto es de ahora en la mañana, recogiendo el campamento”, escribió Acosta, refiriéndose a una imagen que compartió junto a su denuncia. La publicación, que rápidamente acumuló miles de reacciones, evidencia una problemática que se extiende por todo el país.
La mujer explicó que su condición de salud agrava aún más la situación: “No puedo ponerme insulina”, reveló, haciendo alusión a la imposibilidad de conservar adecuadamente el medicamento. Además, su hija menor presenta múltiples picaduras de mosquitos, producto de las noches al aire libre.
El suministro de agua también se ha visto afectado. Acosta depende de un motor eléctrico para bombear el líquido hacia los tanques elevados de su hogar, por lo que la ausencia de fluido eléctrico la ha dejado sin acceso a agua potable.
En su relato, la madre detalló la precariedad del servicio eléctrico: el día anterior a su publicación, la electricidad regresó a las 3:30 de la tarde y fue suspendida nuevamente a las 5:50, apenas dos horas y veinte minutos después. “No se puede hacer nada”, sentenció con amargura.

En los comentarios de su publicación, decenas de cubanos compartieron experiencias similares.
Una residente de La Habana Vieja afirmó: “Así estoy yo, llevo 7 días durmiendo en la azotea, los mosquitos azotando a mi niña que ya no puede con un punto más, y sin ventilador recargable; imagínate tú, están muy caros”.
Desde la provincia de Holguín, otro usuario señaló que muchos vecinos han optado por dormir en los portales y cocinar con leña ante la falta de electricidad.
Un tercer testimonió aseguró llevar más de un mes acampando en el balcón con su familia, lo que evidencia la prolongada duración de esta crisis.

Según datos oficiales, el municipio Cerro forma parte del bloque 6 de afectación en La Habana, acumulando el pasado 2 de julio más de 24 horas sin servicio eléctrico.
La Empresa Eléctrica de la provincia reportó que ese mismo día se desconectaron decenas de circuitos debido a una “emergencia en la generación nacional”, con un déficit de 2,100 megavatios frente a una demanda de 3,200 MW.
El Sistema Electroenergético Nacional opera actualmente con apenas 1,100 MW disponibles, lo que ha dejado sin electricidad a entre el 65% y el 70% del país. En Matanzas, los cortes han alcanzado las 87 horas consecutivas, mientras que en La Habana los apagones superan las 30 horas de promedio desde hace más de un mes.
La indignación popular ha ido en aumento. Los comentarios en redes sociales apuntan directamente a las autoridades, cuestionando el discurso oficial que habla de “resistencia creativa”, término acuñado por el puesto a dedo de Cuba Miguel Díaz-Canel para describir cómo los trabajadores enfrentan la crisis.
“El gran dilema es que los que piden resistencia creativa no están sufriendo lo que la mayoría de la población. Para pensar como pueblo tienes que vivir como vive el pueblo, todo lo demás es pura retórica”, escribió un usuario.
Otros mensajes fueron más contundentes: “Es de inhumanos resistir sin luz, sin agua, sin alimentos, en medio de estos apagones, la gente tiene que dormir en la calle o en el patio, azotea, balcón o lo que sea para conciliar el sueño”.
“Es una masacre sin armas contra el pueblo cubano”, sentenció otro comentario.
La situación ha derivado en manifestaciones en varias provincias. Vecinos de La Lisa protestaron frente a la sede del Partido Comunista tras más de 50 horas sin electricidad. Residentes de Regla también salieron a las calles el pasado jueves después de superar las 24 horas sin servicio.
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