
Justo antes del mediodía afuera de la finca de Ernest Hemingway en La Habana, un chirrido metálico opaca los trinos de aves tropicales y el sonido de una banda de música que entretiene a varios turistas.
Un trabajador estadounidense abrió la puerta de uno de los contenedores de 12 metros (40 pies) de largo. Un trabajador cubano abrió otro. El contenido constituye un tesoro: arcones con herramientas y materiales de todo tipo, desde cajas de fusibles eléctricos hasta ventanas a prueba de huracanes, todo comprado en Estados Unidos. …leer más aquí