El cerrojo electoral cubano

Acaba de constituirse en Cuba la Comisión de Candidaturas Nacional (CCN). De acuerdo con la Ley Electoral, esta comisión, así como las provinciales y municipales, se crean para elaborar y presentar los proyectos de candidaturas de delegados a las Asambleas Provinciales y de Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), y para cubrir los cargos que eligen estas y las asambleas municipales.

Los integrantes de esta CCN son miembros de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM). Todos, por supuesto, miembros del Partido Comunista (PCC) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Se trata de una “sociedad civil” perteneciente al partido en el poder, y cuando se dice perteneciente, no es solo que sean simples miembros de dichas organizaciones, sino que son fieles cumplidores de las ordenes emanadas del Comité Central y su primer secretario.

Estas comisiones garantizan que, aunque el pueblo en pleno vote por candidatos no comunistas en las elecciones municipales, los delegados de las Asambleas Provinciales, los diputados de la Asamblea Nacional, el Consejo de Estado y su presidente, puedan ser nombrados en sus cargos a dedo.

La continuidad del sistema dictatorial está asegurada para la eternidad, no importa que el país sea una ruina moral y económica. Con todo descaro, los comunistas imponen su voluntad y para eso no les bastan sus leyes parcializadas, también hacen trampas y coaccionan a los electores en las elecciones de circunscripción, única etapa del proceso electoral donde el pueblo podría pronunciarse si se atreviera a hacerlo.

Que lejos quedaron las palabras de La Historia me absolverá sobre democracia, tripartición de poderes, derechos constitucionales y principios generales del derecho como el de resistencia a la dictadura y los derechos de asociación, reunión y expresión. A cambio de eso, el Gobierno cubano crea un aparato que usurpa la soberanía del pueblo, constituyéndose en órgano que decide por los electores los que van a ocupar los cargos públicos.

De esta manera, estos cargos públicos no son ocupados por servidores del pueblo, pagados por este para la dirección de sus destinos, sino que se convierten en sicarios de un régimen despótico igual de abominable que cualquier otra tiranía. Los cargos públicos designados por las Comisiones de Candidatura son ilegítimos, son usurpadores de la voluntad del pueblo que debe reflejarse en las urnas en voto libre, directo y secreto en todas las instancias, desde el municipio hasta la Asamblea Nacional y el presidente de la República. Son cargos demasiado importantes como para dejar su decisión en manos de un grupo de eunucos políticos.

Un pueblo sin derecho a reunirse, asociarse o expresar su opinión no es un pueblo libre; un pueblo que no puede elegir sus gobernantes es un pueblo esclavo. El pueblo cubano es esclavo del PCC y algún día tomará conciencia de sí mismo, de su situación de sometimiento a un régimen que no ha cumplido ni cumplirá su promesa de bienestar y, en cambio, le ha arrebatado la libertad.

La Constitución y las leyes cubanas están concebidas como cadenas y rejas, y las Comisiones de Candidatura son los candados que dan el toque final al encierro. Recordando la frase que hace años repetía una amiga, Cuba no es un país. Tenía razón, es una cárcel rodeada de agua por todas partes.

Publicado originalmente en Diario de Cuba por Hildebrando Chaviano Montes

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