
No se trata de “inocentadas” si les cuento que el pasado 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, la libra de tomates, traída del vecino Mayabeque, amaneció a 20 pesos, mientras una manzana de California, del país que nos “bloquea”, se vende a 45 centavos de dólar, equivalente a tal vez 11 de los pesos mencionados.
El ministro de Economía, Marino Murillo Jorge, acaba de decirnos, muy serio, que la economía creció un 4%. ¿Será la del congelador de su mansión habanera? Tal aseveración me recuerda al viejo Grau San Martín, cuando de Presidente, al beberse un café tras el postre, solía afirmar palmoteándose la barriga: “¡Comió Cuba!”
Un amigo acaba de contarme que esta mañana, a las 7:15, así de exacto lo repite, entró un hombre en su casa: “¡Válgame el muro! Escapó el muy cabrón porque me lleva los años de ventaja, así y todo, saltando la verja de vuelta, le corté una pata. Lo que me duele es haberle trabajado a las fuerzas armadas 40 años y ahora los delincuentes me echan el ojo encima porque mi hijo de Miami nos manda dinero.”
De cierto, frente a cada puerta de Western Union crecen las colas de ansiosos familiares y amigos, esperando un sorbo de Maná venido de ese otro mundo tan vilipendiado a voz pública y aceptado en el coro restringido de cada hogar. Es la única variante si se trata de absorber el “crecimiento económico” cacareado por el Gobierno.
Los buenos vecinos recomiendan no exhibir prendas, botellas de bebidas caras o cualquier otro indicio de probable dinero en los bolsillos. Si usted no tiene para el taxi de regreso o carece de la preciosa llave de un auto, váyase a casa al caer la noche: “la calle está mala”, repite esa sabia vox populi.
De política, es mejor hablar de otros, de Obama y el Congreso, tal vez de si Maduro logra recuperarse de puafatazo electoral y así seguimos chupando petróleo venezolano; pero si se trata de Berta Soler, Rodiles o incluso el cineasta censurado Juan Carlos Cremata, “el malo de la película”, entonces déjenlos donde están, allá ellos con sus locuras, que para dementes estamos los cubanos.
Por cierto, hablando de chiflados, tenemos casi 10.000 entre Costa Rica, Panamá y países aledaños, todos levantando la mano por llegar a la tierra prometida, escapando de un infierno que no se puede comprender y menos aún se sabe cómo finalmente pudiera arreglarse.
Alcanzo a escribir luego de soltar los pies, pues no soy el delincuente que salta muros. Finalmente he comprado una pierna de cerdo sin deshuesar a 35 pesos la libra. Mi esposa, alardeando de esa vergüenza que todavía nos acompaña, termina resignada: “de acuerdo, la pagamos a 35 porque nadie hace rebajas, pero busca otro comprador, no pongo la cara a ninguno de los que vimos antes.”
Más tarde paso por la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio de Loyola, hago la señal de la cruz, rezo y compro una revista Palabra Nueva, edición especial dedicada al Papa Francisco. Han recalcado algo de su homilía en la Plaza de la Revolución el pasado 20 de septiembre:
“El servicio mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la ‘padece’. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no sirve a ideas, sino que sirve a personas. La importancia de un pueblo, de una nación; de una persona, siempre se basa en cómo sirve a la fragilidad de sus hermanos, porque queridos hermanos y hermanas, quien no vive para servir, no sirve para vivir.”
Una perenne mendiga de la avenida Carlos III increpa a los paseantes: “¡Padrino, madrina, por favor, algo para San Lázaro!”
¿Será acaso la única inocencia de estas palabras?
Publicado en Diario de Cuba