El filme del niño balsero Elián González, llegó a las salas de cine para dar a conocer la historia de este joven que paralizó a una ciudad casi por completo.
La película que lleva por nombre simplemente “Elián“, recoge testimonios de quienes estuvieron inmersos en el operativo y todo el proceso de extradicción del niño de 6 años. Abarca además los hechos desde que partió de Cuba en balsa, hasta que llegó a los brazos de Fidel Castro. nuevamente.
En tal sentido, la periodista cubana Fabiola Santiago, que ya vio el filme, expresó sentirse conmovida por lo que vio, ya que rememoró todo los sucesos de aquel Día de Acción de Gracias de 1999.
En el escrito, Santiago se lamenta que el joven balsero ahora sea un “tambor político” del régimen cubano, que aprovecha a su conveniencia.
Pobre Elián, niño milagroso que fue pescado de los mares, y ahora un joven militante manipulado para marchar al ritmo del tambor político de estos tiempos. Pobrecito Elián. Sigue siendo un peón en un juego interminable.
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A continuación presentamos el artículo de Fabiola santiago publicado en el Nuevo Herald:
Pobre Elián, niño milagroso que fue pescado de los mares, y ahora un joven militante manipulado para marchar al ritmo del tambor político de estos tiempos.
Pobrecito Elián. Sigue siendo un peón en un juego interminable.
Está regresando a Miami. No a visitar, en la era de las relaciones reanudadas, a unos familiares que todavía lo quieren y a la ciudad que le dio la bienvenida luego que dos pescadores lo encontraron flotando atado a una llanta en el Día de Acción de Gracias de 1999, sino en un conmovedor nuevo filme titulado, simplemente, Elián.
Desde el metraje inicial de una familia a punto de huir de Cuba en una balsa improvisada, a las últimas palabras de Elián González en una Cuba post Fidel, el filme despierta profundas emociones.
Es difícil permanecer impasible a lo largo de esta historia familiar de una familia cubana como otra cualquiera dividida por la política y el exilio. Es difícil contener la vieja indignación, parte de la cual ya ha sido olvidada después de casi 17 años, al volver a vivir una historia en la cual la mayor parte de la comunidad cubanoamericana estuvo de un lado y el resto de Estados Unidos del otro. Y también es difícil no sentir una indignación nueva cuando la gente exige evolución a los exiliados, pero no se mueven de su esquina. Eso incluye a los estadounidenses que creen ser expertos en una Cuba que nunca han entendido en todos sus matices y su patetismo.
Este filme es excelente, y asombrosamente imparcial en el modo en que abarca una historia controversial desde ambos lados del Estrecho de la Florida.
Pero, ¿vale la pena abrir la vieja herida de una comunidad exiliada cubana que ha madurado más allá de lo que incluye este documental? ¿Está preparada Miami para vivir de nuevo uno de sus momentos más oscuros y más divisivos? El estreno se celebrará el 31 de mayo en el Tower Theater en La Pequeña Habana, seguido de una conversación entre la comunidad y el escritor y codirector Tim Golden. El filme se proyectará además a partir del 2 de junio en O Cinema en Miami Beach y Cinema Paradiso en Hollywood.
Yo creo que sí vale la pena volver a visitar el tema. La historia de Elián sigue dando fruto. Hay lecciones para todos. Las entrevistas muestran, por ejemplo, a los miembros de la administración de Clinton que estuvieron involucrados en la violenta extracción del niño de 6 años del hogar de su familia de Miami –mientras la posibilidad de una reunión con su padre estaba todavía siendo negociada por los líderes de la comunidad– demasiado satisfechos de sus actos.
Esta tragedia familiar y personal, y la batalla por la custodia de Elián entre sus familiares de Miami y su padre y abuelos en Cuba desgarró a esta ciudad e hizo de La Pequeña Habana un epicentro de cobertura noticiosa nacional e internacional durante meses. Es difícil mirar cómo Miami, irracional y emotiva, se convierte en la imagen de la Cuba rugiente de Castro, ambas clamando que el niño les pertenecía a ellas, y sin aceptar otro punto de vista que el propio.
Una vez que empiezas a ver Elián, no puedes parar aun cuando sepas la manera en que el destino del niño marca de modo perturbador a ambos lados. Esperas y esperas por la señal más leve de comprensión de ambas partes, y te recompensa ver mucha introspección de parte de los protagonistas cubanoamericanos, y un ligero cambio en la dura retórica contra el exilio de parte del padre de Elián. La esperanza es siempre un factor en la ecuación cubana. Ciertamente, muchos cubanoamericanos están manejando los asuntos con Cuba de manera muy diferente en la actualidad.
Y no puedes parar de mirar este documental, aun cuando sabes cómo termina esa odisea –al menos por el momento– en ‘te lo dije’, con un Elián convertido en el seguidor más devoto del dictador de la dictadura más larga del hemisferio, un déspota para quien Elián sigue reservando una idolatría religiosa. Es triste escuchar la interpretación unilateral de su propia historia de labios de Elián. Sólo queda la esperanza de que él llegue a ver este filme sin los filtros de censura a través de los cuales ha vivido en Cuba desde que fuera arrancado a punta de ametralladoras por las autoridades federales a la familia de La Pequeña Habana que tanto lo quiso.
“Yo quisiera verlo aquí, aunque sea de visita”, dice en el filme Marisleysis González, su prima y cuidadora en Miami. “Somos familia y nos queremos uno al otro. Yo lo quiero, y no me importa quién o qué él escoge ser”.
Pero todavía está por verse el hombre que llegará a ser Elián en la modernización inevitable de la Cuba pos Castro.
Como dice provocadoramente Elián al final del filme, antes de una zambullida rica en simbolismo en las centelleantes aguas cubanas: “Mi historia, mi película, está por contarse. Todavía no ha pasado”.
Sí, por mucho que le dolió a Miami dejar ir a Elián, el lugar del niño estaba junto a su padre. No nos tocaba a nosotros salvarlo.
Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de El Nuevo Herald