El embajador castrista en México, Eugenio Martínez Enríquez, declaró este mes de abril de 2026 que ante un eventual escenario militar con Estados Unidos “caerán muchos cubanos, pero la opción de Cuba es resistir“, en una entrevista concedida al diario mexicano La Jornada. La frase, pronunciada con toda naturalidad por el vocero del régimen, reedita la doctrina histórica del castrismo de usar al pueblo como carne de cañón, un patrón que organizaciones como Hamás, Hezbolá o el régimen iraní han replicado contra sus propias poblaciones. La declaración ha generado rechazo inmediato en la diáspora cubana.

La pregunta que el embajador no respondió salta a la vista: ¿cuáles cubanos caerán? De acuerdo con denuncias recurrentes publicadas por medios independientes y activistas del exilio, los hijos y familiares directos de la nomenklatura cubana no viven en la isla bajo apagones de dieciocho horas ni hacen colas por un pan. Residen, precisamente, en los países capitalistas que el discurso oficial califica a diario de “imperio”. Martínez Enríquez, esposo de la viceministra cubana de Relaciones Exteriores Johana Tablada, pertenece a ese círculo diplomático que, según repetidas acusaciones del exilio, goza de privilegios inaccesibles para el cubano de a pie.
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El funcionario, defensor histórico de cuanta tiranía de izquierda existe en el mundo, incluidos los regímenes de Venezuela, Nicaragua e Irán, utilizó la tribuna que le ofreció La Jornada —diario asociado al ala más radical de la izquierda mexicana— para exigir un pronunciamiento internacional colectivo contra una supuesta amenaza militar estadounidense. El embajador calificó como “crimen” la advertencia de sancionar a países que suministren combustible a la isla y describió en los mismos términos el llamado “cerco energético” y el embargo. En ningún momento abordó la crisis real que vive el pueblo cubano: apagones prolongados, colapso hospitalario, represión masiva contra manifestantes y un éxodo que supera el millón de cubanos desde 2022.

La retórica del “pueblo que no se rinde” empleada por Martínez Enríquez encaja en un guion repetido por el castrismo durante más de sesenta años. Fue la misma lógica que envió a miles de cubanos a morir en Angola, en Etiopía, en Granada y en Nicaragua. Es la misma doctrina que Hamás aplica al obligar a civiles a servir de escudo humano, la misma que Hezbolá ejerce en el sur del Líbano y la misma que la teocracia iraní impone a sus jóvenes movilizados. En todos los casos, los dirigentes que predican el sacrificio y la resistencia blindan a sus propias familias lejos del conflicto: en Doha, en Teherán, en Caracas o, en el caso cubano, en capitales europeas y norteamericanas.
Organizaciones de derechos humanos y líderes del exilio han recordado que la figura de Johana Tablada, esposa del embajador, es una de las voces más activas del régimen en redes sociales contra la diáspora, a la que suele descalificar públicamente. La pareja encarna, para amplios sectores del exilio cubano, el doble rasero del oficialismo: exigir sacrificios épicos al pueblo mientras la familia extendida de la élite disfruta de los beneficios del capitalismo que supuestamente combaten. Las denuncias sobre el tren de vida de hijos, yernos y nueras de altos funcionarios cubanos en Madrid, Miami, Ciudad de México y otras capitales han sido documentadas por múltiples medios independientes.

Para la diáspora cubana las declaración del “embajador” no es una advertencia geopolítica: es una confesión. La admisión pública de que el régimen está dispuesto a sacrificar vidas cubanas antes que ceder un centímetro de poder confirma lo que los exiliados vienen denunciando desde 1959. Familias separadas por el Estrecho, madres que han perdido hijos en balsas, padres que no han podido enterrar a los suyos y veteranos de la Brigada 2506 leyeron la entrevista de La Jornada como una nueva prueba de que el castrismo considera al pueblo cubano un recurso prescindible en su cálculo político.
Mientras tanto, La Habana prepara su habitual campaña diplomática en la Asamblea General de la ONU, donde presentará una vez más la resolución contra el embargo, sin dar cuenta de los presos políticos del 11J, de los fusilados históricos ni de los más de cien cubanos ahogados en el Estrecho durante los últimos dieciocho meses. El pueblo sigue cayendo, en efecto. Solo que nunca caen los que firman los discursos.