Esperando. Los cubanos dentro y fuera de la isla se encuentran a la expectativa de lo que podrá ocurrir o no durante el mandato de Donald Trump con las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Mensajes complejos se han colado durante los últimos meses.
Hemos visto la llegada de gobernadores y legisladores del partido republicano estadounidense llegar a Cuba, que se habrían evitado de haber girado Donald Trump su malestar por considerar estas visitas inconvenientes para su línea diferente a la empleada por Barack Obama en el denominado “deshielo” de las relaciones diplomáticas.
Pero aún, no ha sido este el caso y el panorama no es diáfano. Es claro pensar que Donald Trump aún no sabe qué hacer con Cuba y para muchos, esta no es una de sus prioridades, aunque no lo crean otros así. De estar en contra de continuar el acercamiento entre ambos países, el español Mariano Rajoy tampoco habría recibido “encantado” la propuesta de visitar a Cuba “lo antes posible”.
Hemos visto el accionar de Washington distinto a las “belicosas promesas de campaña” expuestas por Trump, como las describe el diario El País, hacia la Cuba comunista que aún continúa imperando. No es tarea fácil desmontar lo que pareciera ha sido el avance más coherente en una guerra de décadas en la que a pesar de todas las sanciones y conflicto, no se ha logrado resultados concretos. Menos en tiempos donde no se trata solo de intereses políticos, sino de oportunidades económicas que a un olfato empresarial, podrían interesarle.
“Mientras tanto, y sin llegar a la frecuencia registrada durante el deshielo de Obama, el tráfico de viajes republicanos hacia el país caribeño revela la compleja convivencia entre los halcones cubanos americanos partidarios del endurecimiento y las palomas empresariales, patrocinadoras de la distensión sin condiciones” reseñó El País.
Recientemente el gobernador de Misisipi, Phil Bryant, aterrizó en el aeropuerto José Martí con una delegación de empresarios y funcionarios relacionados con el turismo, la agricultura y la exportación de alimentos. También en febrero, lo hizo el senador William Thad Cochran, para firmar acuerdos portuarios y, poco antes, el gobernador demócrata de Colorado, el alcalde de Newark, un lobby económico de Chicago y dos delegaciones parlamentarias.
Aun se sigue esperando la definición de la Casa Blanca al rumbo de las relaciones bilaterales “corrigiendo o anulando las órdenes ejecutivas de Obama”. Se ha visto a Bruno Rodríguez activo a nivel internacional lo que deja entrever que hay un interés internacional por cohabitar pacíficamente con la dictadura de los hermanos Castro muy a pesar de quienes esperan mano dura y temple de hierro en contra del comunismo.
Esta ha sido también la transformación vista en la Unión Europea, logrando un cambio de rumbo de la posición común del bloque europeo en 2011 y de allí en adelante el levantamiento del condicionamiento por los derechos humanos.
Bastará ver qué continúa porque sin duda Latinoamérica es cambiante y sorpresiva, más en tiempos donde “la veleta regional se ha movido hacia la derecha”, caso de países como Brasil, Argentina y otras naciones alejadas cada vez más de La Habana.
En el proceso la Unión Europea intenta la sincronización con EE UU, pero al ganar Trump perdió el paso. Tratando de no tropezar con el nuevo ritmo, todavía sin partitura, negocia con Cuba más cerca de la zanahoria que del palo.
Redacción Cubanos por el Mundo / Con información de El País