El escritor y periodista cubano Jorge Fernández Era y su esposa, Laideliz Herrera Laza, pisaron tierra española el pasado domingo, poniendo fin a más de tres años de un sostenido cerco judicial, violencia institucional y restricciones de movilidad impuestas por el régimen castrista.
El propio Fernández Era compartió la noticia en su cuenta de Facebook con un texto titulado “ES POSIBLE”, donde repasó los hitos de un camino que arrancó con su detención en abril de 2023 y concluyó con el despegue del avión que los llevó a Madrid.
“Ayer, 29 de marzo de 2026, Laide y yo aterrizamos en Madrid. Es mi primer viaje a Europa. Laide ni siquiera había subido a un avión”, escribió el intelectual, reflejando la magnitud del cambio en sus vidas.
Todo comenzó el 6 de abril de 2023, cuando Fernández Era se dirigía con su esposa a la sede de la UNEAC para gestionar visas con las que pensaba viajar a España y presentar dos libros publicados por una editorial valenciana. Sin embargo, fue interceptado por agentes de la Seguridad del Estado a pocas cuadras de su domicilio. Ese mismo día se le impuso una medida cautelar de prohibición de salida del país, sumada después a un régimen de prisión domiciliaria.
“Una causa judicial ilegal y sin sentido contra un hombre que solo comete el delito de pensar”, denunció el escritor al referirse a los dos años y medio que se extendió el proceso.
Durante ese período, Fernández Era fue acusado de delitos como “Desobediencia”, “Irrespeto a los líderes de la Revolución”, “Difamación contra oficiales de las instituciones armadas” y “Sedición”. Bajo esas imputaciones, enfrentó la amenaza latente de una cadena perpetua.
El hostigamiento no se limitó a lo judicial, pues el autor sufrió detenciones arbitrarias, golpizas y amenazas de muerte. En julio de 2025, un teniente coronel de la Seguridad del Estado lo agredió físicamente dentro de la Unidad de Zanja; las lesiones quedaron documentadas en imágenes que el propio periodista publicó en sus redes sociales.
El 19 de noviembre de ese año, una jefa de la unidad policial de Aguilera le notificó que los cargos habían sido anulados. “Los hombres libres viajan”, celebró entonces Fernández Era.
Pero la libertad de movimiento siguió siendo esquiva. El pasado 18 de marzo, el mismo día en que la embajada española lo había citado para ultimar su visa, fue nuevamente llamado a declarar por un oficial de inteligencia. Dos días después supo que el visado había sido concedido.
El último intento de frenarlo ocurrió en el Aeropuerto Internacional José Martí, horas antes del vuelo. Según el escritor, el sistema de megafonía lo citó para una revisión exhaustiva de su equipaje. Luego fue conducido a una oficina donde lo esperaban el mismo teniente coronel y otro agente identificado como “Evelio”.
“Fue otra sesión de tortura sicológica en la que una vez más se cogieron el susodicho con la puerta, pues me les enfrenté a riesgo de que tuviera que regresar de visa caída a casa”, relató.
Sobre la actitud del oficial que lo había agredido meses antes, Fernández Era escribió con ironía: “Tan cínico es el primero, que me deseó un feliz viaje y me aseguró que su anhelo es ayudarme. Les respondí que me rendía ante su gracia, sugiriéndole que, bajo su dirección, surja un grupo humorístico en Villa Marista”.
Finalmente, la pareja pudo abordar el vuelo, pues en Madrid fueron recibidos por amigos y realizaron un recorrido por la ciudad, que incluyó una visita al estadio Santiago Bernabéu. El viaje tiene también un propósito familiar que es visitar a la tía del escritor, única hermana de su madre, residente en Fuerteventura, quien cumplió 80 años el 11 de febrero.
“Al constatar cuánto nos habíamos perdido hace tres años por la represión de un estado totalitario que toma de rehén a su pueblo”, reflexionó Fernández Era, cerrando con esas palabras una etapa marcada por el acoso y dando paso a la reconstrucción de su vida en libertad.
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