Una reubicación estratégica de activos navales se materializó en el Atlántico al norte de Cuba, justo después de que las fuerzas de Estados Unidos completaran la misión que puso bajo arresto al cabecilla del régimen venezolano, Nicolás Maduro.
La información fue difundida por el diario The Washington Post, medio que citó a funcionarios gubernamentales para detallar la nueva logística adoptada por el Pentágono respecto a estos componentes de la armada.
Este repliegue táctico comprende a los buques anfibios USS Iwo Jima y USS San Antonio, los cuales abandonaron el lugar de operaciones en el Caribe, aunque la Casa Blanca mantiene sus protocolos de alerta máxima para responder ante cualquier eventualidad en la región.
Aunque las proyecciones indican que al menos una de estas embarcaciones podría navegar hacia su puerto base en Norfolk, Virginia, durante las próximas semanas, ambas unidades permanecen a disposición directa del Comando Sur por si resulta imperativo su retorno inmediato a la zona de conflicto.
El éxito de la incursión de Estados Unidos se fundamentó en un despliegue de fuerza sin precedentes que contó con la participación del portaaviones USS Gerald R. Ford y más de 150 aeronaves de combate para cerrar el cerco sobre el objetivo, operativo del cual también se retiraron aviones de soporte logístico como los modelos CV-22 y MC-130.
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Pese a la retirada parcial de la flota, el presidente Donald Trump dejó abierta la posibilidad de enviar tropas terrestres con un enfoque limitado para asegurar infraestructura petrolera crítica si las circunstancias lo demandan.
En cuanto a Maduro, como se recordará, fue trasladado inicialmente a bordo de uno de estos navíos militares tras su captura y posteriormente llevado a Nueva York, ciudad donde enfrenta la justicia federal por cargos de narcotráfico luego de años de seguimiento.
Redacción de Cubanos por el Mundo