Andy García Lorenzo, exprisionero político del 11J, fue gravemente amenazado por esbirros del régimen castrista durante una reciente citación policial en la provincia de Villa Clara.
La dictadura, en su eterna paranoia y sed de control, busca silenciar a quienes no se doblegan ante su miseria. Este nuevo acto de acoso pone de manifiesto la naturaleza depredadora de una cúpula que agoniza mientras intenta aplastar a cualquier ciudadano que se atreva a alzar la voz.
El acoso sistemático de la Seguridad del Estado
La citación, una pieza de papel que simboliza la arbitrariedad totalitaria, llevó el sello de la Unidad de Delitos Contra la Seguridad del Estado. Este exprisionero político recibió la orden de presentarse ante el teniente coronel Abelardo Rodríguez, bajo la supervisión de la primera teniente Amanda Rodríguez García.
El objetivo de este encuentro no resultó ser una mera charla, sino una advertencia directa y brutal. Los esbirros serviles defensores de un sistema que se cae a pedazos, pusieron sobre la mesa la vida de García Lorenzo.
“El objetivo era advertirme que, si publicaba imágenes de unidades militares o similares, o suministraba planos a Estados Unidos de ese tipo de instalaciones, podría ser sancionado a entre 10 y 30 años de prisión o a pena de muerte”, explicó García Lorenzo al medio CubaNet tras salir de la mazmorra donde lo interrogaron.

Resulta inaudito que el régimen utilice el terrorismo de Estado para amedrentar a un hombre que solo desea la libertad para su nación. Esta amenaza de pena capital revela el nivel de desesperación y la falta de escrúpulos de una tiranía que se siente acorralada por la verdad.
La farsa del espionaje como herramienta represiva
El joven, quien fue excarcelado en julio de 2025 tras purgar una injusta condena de cuatro años por manifestarse el 11 de julio de 2021, relató que sus captores intentaron desviar la atención de sus denuncias reales. García Lorenzo confesó: “Pensé que sería por mis publicaciones en redes sociales, pero no”.
Él esperaba que el motivo fuera su constante labor denunciando los apagones y la hambruna en Santa Clara. Sin embargo, los esbirros le notificaron que aquello eran “temas menores” y que el asunto actual versaba sobre “temas mayores”.
La farsa continuó cuando estos funcionarios le exigieron firmar un documento donde se autoincriminaba en actividades de supuesto espionaje. El exprisionero político se negó rotundamente a avalar tal mentira.
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Ante la insistencia de un mayor y dos agentes de civil, García Lorenzo mantuvo una postura firme: “Me dijeron entonces que firmara diciendo que me negaba a firmar, les dije que tres militares eran testigos suficientes de mi negativa, y de que nada tenía que ver yo con esos contenidos”. Su rechazo dejó al descubierto la debilidad de un montaje diseñado para encerrar a todo aquel que sea una amenaza para la estabilidad del poder.
Resistencia ante la amenaza constante
Para infundir más miedo, el régimen mencionó el caso de Eddy Ceballos, el creador de contenido que ahora enfrenta la posibilidad de 30 años de cárcel. La dictadura pretende usarlo como un trofeo de su política de escarmiento.
No obstante, este exprisionero político, a pesar de las secuelas físicas y psicológicas que arrastra de su anterior encierro, no da un paso atrás.
El régimen castrista, con sus métodos arcaicos y represivos, solo acelera su propio final. Utilizar amenazas de pena de muerte contra un exprisionero político es la confesión más clara de su fracaso absoluto.
La comunidad internacional debe observar cómo Andy García Lorenzo resiste los embates de una tiranía que no tiene piedad alguna, ni conoce el significado de la justicia, pues su única razón de ser es la opresión del ciudadano cubano que ansía ver caer el último telón de este régimen asesino.